domingo, 8 de junio de 2014

Historia 1: La reina de la lluvia. capitulo 4 (Actualizado)



"El pasado…"

(12 marzo 2005)
Afganistán

El oscuro y siniestro cielo hacia iluminar las falsas estrellas que nacían e impactaban en la espesa cortina de la noche. Los edificios ruinosos y vacíos se veían por la explosión de las bombas que los rebeldes lanzaban  a los soldados de ayuda humanitaria.
Acorralados y sometidos por el fuego de mortero, los jóvenes soldados españoles con una noble misión, se encontraban acurrucados en madrigueras construida a base de escombros.
“Sus objetivos: ayudar al pueblo afgano y defender a los camiones de ayuda humanitaria repletos de grano, agua y medicamentos.”
Acurrucados en oquedades de piedras y mobiliario urbano destruido intentaban mantenerse en vida hasta Julio de ese mismo año. Los que tenían armas intentaban defenderse como podían, los que no; las piernas no les respondían.

El miedo y los impactos, les hacían dudar de su valor. Querían volver a casa. Pero no podían, pues muchos de esos niños azganos dependían de esos valientes aterrados del poder desmesurado de aquellas bombas. Juan, era uno de ellos. Aterrado, agarrando celosamente su fusil, e intentando no saber de quienes eran los gritos de dolor al otro lado del muro.

Una mujer cruzaba la calle desafiando a la muerte con su vida. Gritaba con todas sus fuerzas, mientras sostenía en sus manos a un niño de 8 años: “lamentos  reclamados a un dios que parecía no contestarla…”
“.- ¿Que hay de noble en todo esto? -.”
Se decía Juan mientras miraba por una grieta a aquella pobre mujer.
¡Cuantas ganas habían de salir de aquel lugar!:
Coger un camión, vaciarlo todo y llenarlo de todas aquellas pobres personas que morían como si no tuviesen ningún valor. ¿Pero?... Llevarlas… ¿A dónde?
La rabia consumía a Juan por dentro. No sabia que hacer…

Nadie sabia nada.
La sociedad europea, no sabían de estas cosas. No era la primera vez, que periodistas, eran dejados a su merced por que sabían demasiado. “.- Deshonroso...-.”  Pensaba Juan para sus adentros.

En ese momento, a retaguardia. La voz del comandante de la unidad de Juan dijo ”.- ¡Avanzar maricones! -.”

Al saltar el muro, Juan se encontró delante de aquella mujer. Sus ojos se clavaron en los suyos. El corazón, palpitaba deprisa: podía sentir la rabia y el dolor de su pérdida y la injusticia que tenía entre sus manos.
El no supo que decir.
Detrás de ella, en una de las ventanas sin marco, un infiel apuntaba con su “A-k”. Juan se tiró encima de la mujer, para salvarla, pero un grupo de cuatro insurgentes salían de una esquina acribillándolos a ambos sin piedad.
Las balas, solo habían llegado al asfalto. Juan, con suerte, había logrado salvarla por un instante. Pero acto seguido… Otro niño que estaba detrás de un coche calcinado, salió corriendo al encuentro de la mujer que Juan había salvado la vida.
Pero, en ese mismo instante, avisó una mina en la tierra.
El tiempo parecía no existir para aquel autentico héroe, pues dejo su fusil en el suelo y corrió sin pensarlo dos veces y con todas sus fuerzas: Quería coger al niño.
La suerte ya no estuvo de su parte.
La explosión junto con la metralla había destrozado al niño de pleno y perforado el cuerpo de Juan por varios flancos… en las piernas, brazos y por la espalda.
La mirada de Juan se desvanecía, sin dolor, sin miedo… tan solo y  un silencio junto con un intenso sueño.
De forma un poco borrosa y gradual, pudo sentir como el sanitario intentaba decirle algo, pero aquel pitido no le dejaba escuchar lo que decía.
Los ojos se le iban cerrando, mirando la insignia de la cruz roja junto con una cinta blanca con un símbolo muy extraño: “una “V” con un punto en el medio”.
Finalmente, el sueño lo venció.

                           *          *         *
(En el Hospital Santa Maria)
(En la actualidad)

Juan se encontraba fuera del antiguo recinto, justamente delante de aquella magnifica puerta acuartelada. Después de salir del claustro o lo k fuera aquella arquitectura, lo único que pensaba era tomar un poco de aire limpio, para poder digerir todas aquellas impresiones. Unas de las cosas buenas de haber sido soldado, es haber aprendido esa técnica de desapego emocional: Respirar hondo varias veces y pensar en blanco.

Delante de el, vio como una especie de banco de piedra, junto a los rosales. Le pareció buena idea, pero no paraba de pensar en aquella cosa;  " cuando entró en el claustro del mausoleo”¿como pudo llegar detrás del mueble sin reconocer como había llegado? y `¿por que después apareció en el medio del patio? y aquel ser...

Juan se sentaba en aquel banco de piedra, sin ningún tipo de decoración y completamente pulido. El olor a rosas frescas le reconfortaba y le hacia sentirse bien. .-¿debió ser un lugar hermoso este jardín? .- Pensaba para si mismo y en voz alta, como si estuviera hablando consigo mismo.

El dolor de espalda, le había venido otra vez,  y la pierna izquierda parecía haberse quedado un poco dormida… .De su bolsillo tejano, saco un pote pequeño de plástico y se tomo una píldora de esas. Típico pote de color naranja transparente, y una especie de pastilla para el dolor. Su medico personal, se las había proporcionado para que pudiera relajarse en plena madrugada, para poder dormir.
Cada noche tenía la misma pesadilla. Además de la metralla de aquella mina, los recuerdos en Afganistán, aun seguían latentes…
Pero intentaba pensar en otra cosa.
Le gustaba que Sussi estuviera en camino. Ya hacia varios años que ellos dos habían tenido una buena relación de pareja. Pero Juan se preguntaba ahora y como tantas veces ¿Por qué ella le dejo aquel día?. El estaba preparado para comenzar una relación seria. No tenía miedo de casarse con ella: lindos ojos azules, cabello rubio-castaño suavemente rizado, graciosa, simpatica, hogareña y lista.. Tampoco hubiese sido un problema, que hubiera tenido todos esos cuadros para restaurar como los tenía en el apartamento. A Juan, no le importaba el desorden ordenado y el olor a disolvente. El hecho de visualizarla con la cara pintada con aquella pintura, le hacia ser “la mujer mas sexi del planeta”.
Pero… ¿Qué pudo hacer el, para que ella tomase aquella decisión? Tal vez sea eso: “ella simplemente era e iba a ser una amiga especial”. Con sus dones… con sus preguntas estúpidas sobre temas que Juan no creía y sus respuestas sorprendentes. ¿Tal vez fue eso?...
Cerrando los ojos, sentía aquel sol de la mañana en su rostro. Intentaba imaginar una vida muy distinta con Sussi. Como tantas veces hacia, cuando se sentía así.

Todo parecía tranquilo.
Aquella mañana de sábado  en el mes de octubre y en pleno otoño, parecía muy primaveral.
Sin embargo, no estaba solo…
En ese momento y desde las malezas, algo se le aproximaba por detrás...
Mientras que el soñaba, una especie de sombra, vaciaba la vida de las flores; marchitándolas a su flotante paso. Como si una nube pasase por debajo de los rayos del sol, “ un camino de muerte” en dirección a Juan que estaba de espaldas. Las rosas hermosas del rosal, detrás del respaldo del banco, se iban marchitando a un ritmo rápido y letal.

De repente! Juan se percató de algo!  El corazón le comenzó a palpitar a 100 por hora. Sabia que “algo” había detrás de el. Pues un rostro negruzco como “humo negro” se dejaba ver un rostro blanco y putrefacto, como el espectro de alguna alma en pena…



En ese instante! el claxon de un coche.
Eran Sussi y Jordi.
Miro a su alrededor... y todo parecía normal. Las rosas, bellas y hermosas, jugaban con sus distintos colores rojizos y carmesíes, un  estupenda brisa las hacia vailar y sol radiante de la mañana; “mansas como las palomas”.
.- Pero... que?... ¡Collons!
       
                             *        *        *

.- Ei! titus! que pasa Colom?  (Jordi, saliendo del todo terreno…)
.- Habéis tardado... (Juan dijo mientras se dirigía a ellos)
.- Si bueno, ya sabes como conduce Sussi. "paseando a Ms Deisy” ( dijo Jordi,  bromeando)
.- ya!... (dijo Sussi mientras le entregaba una de las cajas a Jordi con cierto fuerza...).  Pero…¿Por que estas afuera? Creía que estarías dentro.... en fin. A ver…: he traído la "carpa", “la cafetera”, comida para una semana…

Sussi, la bella Sussi. Sus peinado rubio con tirabuzones y con aquella carita, con ojitos azules, hacían temblar a cualquier hombre. A veces era muy fría y cruel, pero en el fondo: era la mujer más estupenda que Juan había conocido.
La miraba de aquella manera “disimulada” para observar aquellas dos mejillas y sus labios al hablar.
Posiblemente, se daría cuenta; “estas cosas las suelen ver las mujeres”, cosas que ellas ven, pero que se las guardan para hablar en esos “cuchicheos de entre amigas”. Pero aquello, era como ver pasar unas bonitas piernas por la plaza Catalunya, o en el metro, o en la taquilla de los cines del “Moll de la fusta”: te callas y saboreas ese momento de forma discreta y galante, sin que “ella”( aun sabiendo que le estas mirando) se de cuenta.
(Ya sabéis esas cosas de hombres).
Pero su presencia, era agradable. Esos ojos, le habían hecho pensar en otra cosa..
Que ella estuviera allí era una ráfaga de aire fresco. Le tranquilizaba, después de todo. Le recordaba, que a pesar de todos sus trabajos en los que se jugaba la vida, siempre había una persona que verdaderamente le importaba. O eso quería pensar…
Hubo “algo”  hace ya algún tiempo,  pero por circunstancias profesionales, nunca acabó de cuajar.
Juan, dejo de pensar en eso y dirigiéndose a Jordi comenzó sacar todos lo paquetes del coche blanco.
Sussi, seguía hablando de todo lo que había traído. Juan y Jordi, se comportaban como unos niños con sus bromas de siempre.
Ella los miraba sonriendo. Habían hecho bien, en acompañar a Juan en otra esplendida aventura.
Hacia mucho tiempo que no lo veía. Ya sea por temas de trabajo, o por no coincidir en el horario... No le importaba,  si con ello podía trabajar con el.  Siempre  pensaba en los dos: Cuando paseaban por las playas de Calafell o cuando iban a cenar a uno de esos restaurantes de Sitges. Era buen hombre y cuando estaba con el se sentia protegida. Nada que ver con los otros. Juan, sabia complacerla. Le entendia. Le costaba seguirle el ritmo en la cama, pero ¿a qué hombre no le pasaba eso? lo comprendía. Sabía que en una relación siempre habían “esas cosas” de pareja, pero lo queria demasiado y por ello tenía mucho miedo. No podia imaginar, en aquel tiempo de noviazgo, que el le hubiera traicionado con otra mujer o que simplemente se hubiera ido. Era y fue el hombre de su vida. Pero Sussi, como mujer, también necesitaba ser atendida en otros asuntos de pareja.
Pero era agradable estar allí con el. Otra vez.
Eran amigos. Eran socios, en un negocio con Jordi.
En tiempos de “crisis”, ¿Qué mejor que estar en buena compañía y tener un trabajo?

 En aquel momento: Unos pájaros salieron volando detrás del edificio, como si alguien estuviera dentro observándoles desde alguna de esas viejas ventanas.

Sussi pensaba, que era muy raro… Tan solo ellos tres estaban allí. ¿Quién mas había dentro?. … esa actitud de Juan… típica cuando algo le preocupa demasiado…
¿Por qué actuaba como si tuviese miedo?
Miedo… ¿a que?.