domingo, 8 de marzo de 2015

HISTORIA II: "Black Rouse" Capitulo 8 "El peso del pasado"

                      

         “El peso del pasado”

Todos reclamaban desde cubierta del Asha-Nari, al niña de ojos azules, “la rara” como decían algunos antes de deshonrar a sus hermanas y primas en aquel tugurio de mazmorra. Su condición, después de saltar a la mar, había dado un giro de 180 grados y desde babor los silbidos y alabanzas junto con los burdos ladridos de aquellos desgraciados marineros, se oían incluso en las profundas aguas.
La manada acuática de los tiburones comenzó a disiparse, ante la infranqueable habilidad de la joven de dos sables. Multitudes de pedazos, circundaban a las dos niñas que aun se mantenían a flote. Hasta que varios cabos salieron desde cubierta del Asha-Nari.
Entre ellos, se decían.
.- ¡Yo, hubiese hecho lo mismo! (Decían los mas viejos y escupiendo al suelo)
.- ¡Cuidado! No subáis a los náufragos! ¡O nos pondrá a Caldo! (Decían los mas miedosos, temerarios de las desveladas capacidades de la joven)
-. ¡Reconoced, Assur! ¡Que tiene mas pelotas que vos! ¡Jajajaj!
.- ¡Pinchon! Ahora disponéis de carne para vuestros guisos! (Decían, mientras aprovechaban el rescate, para recopilar aquella carne de tiburón desparramada en las aguas saladas)
Pues no faltaron ordenes para lanzar los cubos al mar de las costas africanas, para recolectar cada uno de los fragmentos. Pinchon, el cocinero, no dudo en aprovechar la oportunidad de ingeniar un nuevo plato para el menú del mediodía: “Estofado de albóndigas a la parmesana”.
.- ¡No os olvidéis de las cabezas para el “fumet”, marinero!

 Una vez en cubierta. Los marineros de Asha-Nari, contemplaba a “la intrépida sirena” con cierto respeto. Narea, ya no era una simple esclava ante los ojos de los piratas del capitán Nacrowell. La miraban en silencio, mientras que cojeaba con su prima Jana en dirección a su lugar de travesía,  y al rincón de siempre: entre dos toneles vacíos y en la mazmorra. Como un cachorro, con el rabo entre las piernas que va a su lecho de paja y sin ofrecer importancia de todas sus alabanzas.
Ella estaba a salvo. Era lo único que le importaba. Jana, la flor de su tío y el único motivo que la mantenía viva por entonces.
Los marineros la veían como uno más. Pero a  Narea, le temblaban las piernas. Estaba aterrorizada.
Jana mantenía sus brazos atados a su prima Narea. El calor corporal de su salvadora, le propiciaba consuelo a lo que pudiera pasar ahora.
En cuanto a las demás, se acercaron a las dos, para consolarlas.

.- ¡A vuestros puestos Holgazanes!
Un barco se estaba aproximando, mientras que todos estaban despistados por los acontecimientos.
Desde hacia unos instantes, el vigía había advertido de la presencia de un barco a varios kilómetros de allí. Pero por aquellas inesperadas circunstancias, importaba más la presencia de la joven nigeriana, que el peligro eminente.

Pero el Sophie, tan solo se aproximo a babor del Asha-Nari. Lo suficiente para que los dos castillos de popa, pudieran presentar a los dos capitanes uno en frente del otro.
Por parte del Sophie, los marineros estaban preparados y armados hasta los dientes. Mientras que los del Asha-Nari, estaban en calzas y con tan solo las armas de paseo.
.- ¿“Parlamento”? Capitán Jon? (Dijo James, con su sonrisa, desde su castillo de popa)
  
                               *      *      *

Capitán James Nork “el Tuerto” o bien “sir James Norfolk de Anjou”. De mirada taciturna, ojos marrones y varias arrugas en la sien logradas por los distintos entresijos de la divina prominencia, barba descuidada y negra como el carbón. Más tozudo que un asno, valeroso, gentil, sabio, y astuto como el abogado del diablo en cuestiones de negocios. Un estratega y un buen capitán con sus hombres, duro como los mal nacidos arrecifes de los archipiélagos de las islas cercanas al continente británico, disciplinado y cuidadoso, pero con comprensión y entendimiento. Su dicha;“mente y corazón” “Tripulación y barco” todo en uno solo. “Sophie”, el nombre de su difunta esposa y el único legado además de su intrépida y sorprendente historia.
Hijo de unos sirvientes de la familia aristocrática francesa de “los Anjou” y puesto en la mismísima puerta de una familia pudiente de unos de los puertos de “Norfolk”. La familia “Stephenson” con una choza de pescadores acogieron al pequeño con ilusión, pues “el señor “Frank” y la sra “Caty”, hacia tiempo que no tenían suerte en cuestión de descendencia para su pobre patrimonio. Pero allí, en aquella cesta de mimbre y con una nota mojada por la lluvia, encontraron al pequeño el nombre apropiado de “James” como el abuelo de Frank al pequeño huérfano francés.

A la edad de 8 años, ocupaba el puesto de “grumete” en el “Malory”: una cáscara de nuez, con 8 metros de eslora y 3 de manga, la cual servia en el mismo Canal de la Mancha, como puente y vehiculo para aquellos que quisieran ir a Francia  a Inglaterra o viceversa. Siempre de noche y a merced de las endemoniadas corrientes del mar del Norte y la ira del brazo del océano Atlántico. Ocultos y sin bandera puesta, pues una bolsa de monedas lo valía: ni ser ingles y ni francés, ni rico ni pobre, sin importar condición siempre que se pagase por adelantado.
 Entre asaltantes en puerto a puerto, o simplemente en altar mar, el señorito James, se templaba con el peligro día a día y se familiarizaba con las fuertes mareas de las aguas bravas del canal. Por no hablar de las tantas aventuras con los soldados ingleses en plena guerra de los 100 años, a la edad de 17 años y  junto con su compañera y amada “Sophie” una francesa de ojos verdes de “Lion” con piel tostada como la noche. Eran tiempos duros y los soldados ingleses escondían los botines de los franceses en lugares ocultos, que James se encargaba de buscarlos y robárselos astutamente junto con Sophie.

A la edad de 25 años, James hizo que la joven, hermosa y francesa “Sophie Pots”, después de varios intentos, se convirtiera en la señora “Norfolk”. Fueron años muy felices para los dos. En el verano del  año 1334, un nuevo inquilino se hizo notar en el castillo de “los Norfolk”; una niña de ojos verdes esmeralda contrastaba con la piel tostada, intrépida y astuta, rasgos y cualidades mejoradas heredados de su madre.
“Elisabeth” fue como la llamaron, al igual que la madre de Sophie.
Mientras que las tropas inglesas se disputaban sus vidas en campos de batalla contra los soldados de la flor de lis, la familia disfrutaba de las riquezas apoderadas de antaño. Y James, no necesitó robar más por entonces, tenía todo en cuanto podía desear un hombre: una bella esposa, una hija que había salido a su madre y las arcas aun repletas de oro y piedras preciosas.
 Hasta el trágico septiembre del año 1349. Sophie, se moría de una terrible enfermedad que provenía del oeste de Europa. Todo el oro y la plata, junto con las tierras  y sus posesiones, no sirvieron para nada. Pues el amor de su vida junto con el de su hija Elisabeth, se desvanecía como la ceniza de los restos de  una hoguera apagada desde hace varios días. Su ojo medio abierto y enfermo, así lo demostraba. Las heridas  mortales y profundas que le habían señalado sus contiendas tanto franceses como ingleses antaño, no bastaron en arrebatarle la vida. Sin embargo la hoja de la guadaña, pudo acariciar la mejilla derecha al presenciar un ataque de ira cuando los dos amores de su vida cedían en el lecho sin poder hacer nada por ellas en aquel trágico septiembre.
Una vez enterradas, el Capitán James, se deshizo de todo su pasado y comenzó a visitar los mas oscuros burdeles de la ciudad inglesa de Londres. Se cambió el nombre por “Nork”.El juego y el vino, sostenían el último aliento que le quedaba, y las prostitutas junto con los pillajes su modo de vida, ganándose el nombre de “El tuerto”.  En las oscuras calles de los puertos del Tamesis, buscaba la muerte  en los encargos de aristócratas de la corte más desmesurados e imposibles de lograr. Esteban, que había visto desde un James feliz y afortunado hundirse en la mas miserable miseria, era el que mas comprendía sus  oscuras intenciones. No le importaba las monedas de plata ni las de oro, tan solo deseaba reunirse con las únicas personas que le habían importado en esta vida.
Entonces, en uno de esas tantas noches en el puerto, taciturno y borracho, tumbado y desplomado, entre botellas de vino barato, James sintió como algo le empujaba hacia un lugar en concreto del muelle y de las riveras del río Tamesis de Londres. Allí se encontraba un barco, descuidado y con un letrero de las subastas de la taberna “Cladiostro”. Como si su mujer, desde el mas allá, le estuviera ofreciendo un guiño de ultratumba, James “El tuerto”  vió como aquella presencia naval, le ofrecía una luz de esperanza. No dudo, sin ser suyo aun, de bautizarlo con su botella medio llena como “el Sophie”.

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Sigilosa como una serpiente de agua, “El Sophie” había alcanzado al Asha-Nari.
Todos estaban despistados por la sublime proeza de la sirena nigeriana salvando la vida de su prima Jana, de las indiscutibles mandíbulas de los endemoniados tiburones de las costas africanas.
Permitiendo así la indiscutible victoria del capitán Nork “El tuerto” y la gentil y respetuosa proposición, por su parte, de “Parlamentar”.

Pero estaban allí. En medio de aquel tablero de maderos. Un despacho, como mesa y dos sillas en el puente de madera que unía circunstancialmente a los dos barcos piratas. Todos miraban.

Al igual que un casamiento o boda, sin monaguillo ni representante de la iglesia de Roma, sin cuerpo de cristo ni emblemas del trono de san pedro.“Parlamento”. Condiciones y trato. Cuando dos piratas disponían la suerte de encontrarse cara a cara, había la posibilidad de “Parlamentar” antes de comenzar la contienda. Consistía en aceptar las condiciones expuestas en contrato, junto con dos  testigos presentes.
.- Yo capitán, James Nork El tuerto, reclamo la embarcación catalana “el Carolina” de las propiedades del capitán Jon Nacrowell, por el pago de la deuda realizada el 21 de marzo de 1365 en  “los Castros” en la taberna del “Marinero Errante” ¿y esto es todo?.. (Dijo el Capitán Nacrowell, sorprendido y esperando que su lista fuera tan larga como los títulos de uno de los infantes de Toledo)
.- Aceptar los términos, mi capitán (le dijo mientras le servia la pluma de gansa recientemente mojada en tinta). Vuestra cómica posición ante mis hombres, no os deja decisión alguna. Comprended, que tan solo con una orden, todos y cada uno de los viajeros de vuestro queridísimo barco, estarían yaciendo ahora en el lecho marino y los peces disfrutando de un largo y sabroso banquete.
.- ¡No! (Dijo tajantemente el capitán Nacrowell)
La tensión se podía cortar con el filo de la espada.
.- ¡Vos, acatareis mis condiciones! (Dijo Nacrowell, con su mirada fría y con su ojo diestro de tigre)

Antes de montar los tablones para parlamentar. 3 de los secuaces del Asha-Nari, habian saltado por la borda, para bucear y llegar a la quilla del “Sophie”. Una vez allí, habían taladrado la barriga del navío, y atado tres cabos.
El Sophie, ya no estaba a merced del viento ni de las corrientes marinas del Atlántico. El Capitán “Netri-Shakti”o Nacrowell, tenía a James cojido “por la killa” literalmente.
Los Marineros del Sophie se pusieron mas tensos aún, esperando la señal de su capitán James el tuerto.
.- ¿Sabéis lo que es esto? (Dijo mostrándole las tres cuerdas, que Zuru, le había entregado en ese mismo instante) ¿Zulu, a cuanto estamos a las costas?
.- A varios kilómetros, las corrientes nos llevan hacia los arrecifes mientras que estamos varados, señor.
.- ¿Lo veis? Tan solo debo esperar lo inevitable y toda vuestra repugnante suerte se vera a merced de estas simples cuerdas.
.- ¿Qué proponéis? (Dijo James, sorprendido por aquella táctica).
El capitán Nacrowell se levanto, de su sillón.
.- Os propongo, una condición: ¡Nada!
El capitán James, se levantó furioso, en aquel momento. Sus hombres estaban preparados. Pero entonces, hábilmente, James señaló al capitán del Asha-Nari con su espada corta; un sable templado en los hornos de Toledo.
.- ¡Insolente! Estáis a punto de despachar vuestra cabeza de los hombros, estúpido tullido!. Aun dispongo de tiempo, para hacer desaparecer vuestro barco del mapa.

Como era de esperar, Assur el persa, que era uno de los testigos y presentes ante el “Parlamento”. Sugirió una de sus brillantes ideas.
.- Señores…calmaos… vamos… todos podemos salir ganando…
.- ¡Callad!, maldito, Callad… (decía el capitán Nacrowell, con la punta del sable en la carótida)
.- Si… dejadle hablar… ambos nos encontramos en las mismas condiciones. Vos tenéis a vuestra merced mi nave y yo  a vuestras pelotas.
.- Calmaos… (Dijo Assur, mientras intentaba con sus dedos sucios bajar la vaina del cuello de su capitán)…mmm.. vos capitán, deseáis el barco catalán ¿cierto?. Vamos… que pasara cuando los soldados aragoneses descubran que vos tenéis el Catalina? Jmm? El capitán Nacrowell no solo tiene ese barco…
El ambiente tenso, comenzaba a menguar con las palabras envenenadas de la víbora de Assur el persa.
.- Entonces…¿ que proponéis?
La mitad de nuestros tesoros a bordo y junto con una de esas flores por supuesto.
.- ¡No soy comerciante de prostitutas!
.- Oh no, no… claro que no… mi noble y valeroso capitán… Haced lo que os plazca con ella…

Las jóvenes nigerianas salieron de su mazmorra, ante el capitán James. Sus rostros, miraban al frente, pero con los ojos observantes hacia la lejanía, sin importar la presencia y la autoridad de quien las contemplaba.
Mientras que los marineros cargaban la mitad de las provisiones y ciertos cofres repleto de monedas de plata y oro, James observaba con cierta distancia a las nigerianas.
Aquello le parecía espantoso. Sus vidas, tan apartadas del seno de sus familias, no quería pensar cual iba a ser su destino. Pero debía de mantener su posición, en aquel extraño “parlamento”. Su estomago se le revolvía, al ver aquellas yagas y cicatrices, de cómo habían sido tratadas durante toda la travesía. Sentía lastima por cada una de ellas. ¿Cómo un ser humano podía llegar a ese extremo?
Entonces, cuando sus ojos llegaron a Narea, un escalofrío recorrió por el corpulento cuerpo del rígido James. “¿Elisabeth?” se dijo para sus adentros, mientras que sentía el clamor de una voz de ultratumba, la misma sensación que tubo cuando se encontró “el Sophie” anclado y olvidado en aquel puerto de Londres. Su rostro, su mirada, su piel, le recordaban a su hija. Aquel corazón dormido, roto y destrozado, despertaba ante la presencia de Nerea, después de un gran letargo. ¿Cómo puede ser?
.- Mi capitán… veo que habéis encontrado a la elegida…(decía Assur susurrante al oído)… no os arrepentiréis. (siguió reconfortado al saber que se estaba deshaciendo de un cabo bastante problemático)
.- ¿Entonces?... ¿trato hecho? (dijo James)
Assur miro a Nacrowell. Este asintió desviando su mirada enfurecido.
-. Por supuesto… mi, capitán. (Dijo Assur sonriente)

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