domingo, 5 de abril de 2015

HISTORIA II: "Black Rouse" Capitulo 11 "Narea, La Negra"


“Narea, La Negra”

El ansiado poder marítimo del mediterráneo, no solo fue codiciado por los grandes imperios de Asia del Norte occidental y de Oriente próximo.  Desde siempre fue el principal objetivo de los grandes reinos de Germanía: Conquistar Europa y hacer renacer la amada Roma sucumbida y devastada por los pueblos del norte.
Una herencia, clavada en el alma de las familias más importantes de una Italia fragmentada en diversos reinos en forma de estados.
Desde el siglo XI hasta el XV, las ciudades costeras de Italia, se disputaban el poder comercial del Mediterráneo. Nacidas en el seno sagrado de proteger a los peregrinos de todos los rincones de una Europa oscura y sacudida por las infinitas invasiones bárbaras siglos atrás. La escusa de “las cruzadas” permitió también que los puertos Mediterráneos iniciasen su propia y ansiada campaña mercantil, con una autonomía política en especial: Genova, Venecia, Pisa y Amalfi, eran las llamadas  “Republicas marineras”. Y, mientras miles de soldados y caballeros morían con “la cruz en alza” en tierras de infieles, las ciudades del mar, forjaban en el crisol de la diosa de la fortuna, un nuevo rumbo y poder económico. Eran los puertos más importantes de la edad media, y no solo se limitaron al comercio marítimo. Genova y  Venecia, codiciaban las rutas del estrecho del Bósforo y las rutas del Mar Negro:
La republica de Genova, en la costa noroccidental de Italia, ingenió su plan para crear ciertas alianzas con las familias genovesas y los territorios del imperio Bizantino, para hacerse suyas las islas de “Tasos”, “Simotracia”, “Lesbos”, “Quios” y “Samos”…Cada una con su propio bastión fortificado, que junto con la armada naval genovesa controlaban la entrada del Bósforo. En Cambio la Republica de Venecia, ciudad construida sobre los islotes de una laguna, en el extremo norteño del Mar Adriático, se sirvió de su propio ejército de cruzados para conquistar la isla de Creta y parte del archipiélago del Egeo, conformando así “el ducado de Naxos”.
La rivalidad entre Genova y Venecia, era conocida por todo el Mediterráneo. Todos conocían sus campañas bélicas por el poder completo del comercio naval.
Lo que provocó que la ingeniería de los barcos de guerra, se fueran perfeccionando en el devenir de los siglos, hasta “la gran guerra de Chioggia” en 1380, donde la aparición del velamen en los navíos que sustituía a las galeras y la bombarda como arma de fuego en los barcos por parte de los Venecianos, fue decisoria en la batalla.

La pólvora, inventada por los chinos para conmemorar sus fiestas y tradiciones, y utilizada como arma de asedio en  1368 para reconquistar sus tierras de la ocupación Mongola y fundar así la primera dinastía “Ming”, fue perfeccionada para uso militar en la infinitas contiendas entre los reinos de Europa. El conocimiento de “la Pólvora” como arma de fuego, se izo conocer por todas partes en menos de diez años. La nube negra de  carbón y  azufre,  se percibió  por primera vez en alta mar, en la guerra de Chioggia del 1380: El trueno, como el rugido del mismo Zeus, fragmentaba las galeras de los Genobeses, cuando las bombardas de los barcos de vela de los Venecianos, lanzaban en línea  los proyectiles hierro colado como fuego de mortero contra el ejercito de la imparable Republica Genovesa. Toda la flota naval, sucumbió en las aguas. Y el poder consolidado durante 70 largos años, por parte de los genoveses, se fue disipando como la ceniza, inevitable y sutilmente sin beneficio de retorno de grandeza.
 A finales del siglo XIV, Todos codiciaban el oro que venían de los barcos mercantes del África subsahariana… y por supuesto, el menester y  manejo de la pólvora en alta mar. Fortaleciendo así, la necesidad del “armero” como puesto de trabajo en el barco; ingeniero naval, que delimitaba entre la vida y la muerte en cualquier nave que desease surcar las intrépidas aguas de los mares del mundo conocido.
El sutil conflicto entre piratas y navegantes en el devenir de los años, tan solo acababa de comenzar.

En 1390 Venecia, era la potencia principal de todo el Mediterráneo.  Y el comerció permitió, que de todos los rincones del mundo conocido, vinieran a fondear sus barcos a las costas italianas norte del mar Adriático.
La moneda, “el florín de oro” para transacciones mas importantes, y el de plata, para otros menesteres menos aristocráticos que junto con el de bronce y otras aleaciones, servían para el populacho y el pago de sus impuestos.
Pero la ciudad, no se reservaba solamente a los intereses de los mas acaudalados banqueros, pues la republica  ofrecía “a portón abierto” toda clase de financiación a empresas privadas en cuestiones mercantiles: Todo aquel que tuviese una embarcación y fuera residente de Venecia, poseía el apoyo de “la logia de Venecia” y del Dux : La documentación precisa para comerciar, descargar y cargar, en cualquier puerto del mediterráneo.
La “Logia de Venecia” presidido por el Dux, en el Palacio Ducal, junto con los banqueros florentinos formaba “La liga de los mares continentales”. El modo de poder gestionar todo el comercio naval y el de los barcos.

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Venecia, 1390.
“La piazza de San Marco”

El sol del amanecer enreda sus virtuosos rayos entre las infinitas columnas y arcos ojivales, ofreciendo una apariencia rosada a la piedra del Palazio Ducal situado como un regente a pos a la entrada y puerto de la Piazza. Al fondo una de las cinco cúpulas de la Basílica de San Marco, recibe con regocijo los brillos de la mañana, que acompañada con la calida brisa del mar Adriático, incita a las aves acomodadas a desplegar sus alas y surcar los cielos azules de Venecia.
En los suelos, y no antes tocar los pies en ellos, un conglomerado de formas geométricas y telas de diversos colores que ocultan las bases de los edificios circundantes a la plaza de Sant Marco de Venecia. Los aromas son diversos, desde las flores y las rosas de la parada cerca de la taberna del puerto, hasta los inciensos mas curiosos proveniente de oriente medio, que se funde silenciosamente entre las diversas paradas de especies, de telas y lanas, y calor de los hornos de pan que sugieren a los mas madrugadores bollos crujientes y tortas secas, para rociarlas de la dulce miel o en vino tibio y caliente. Los maderos de la plataforma elevada, se distingue del resto de las paradas, telas blancas en riste   cuyo acto teatral en vivo recita las  epopeyas de antiguas historias de amor y de personajes políticos, que  dramaturgos y actores representan de una forma inusual y cómica. Las risas forman parte de la magia del mercado, pero también sus cortejos, pues desde las partes menos visibles de la “Piazza” se percibe al indeciso pretendiente fracasar con rosa en mano, ante el descarado y apuesto contrincante que con tan solo su encanto consigue el afecto de la dama  que al pasear reclama la atención de un caballero. O parejas tan especiales, que sin palabras alguna y tan solo con la mirada se dice todo y el beso profundo resuelve el comienzo de todos sus deseos, pero fuera de toda representación real de la vida, también se prestan a demostrar esos enfados y discusiones de taberna, que iniciadas en la noche aún insisten en tener razón los dos contrincantes.
En aquel instante, cesando la pelea y no por cansancio, ofrecían un acto de respeto a los carruajes de la eminente boda. Pues corceles blancos y decorados venecianos empujaban al trote, la cámara donde venia el padre de la novia. Tras el, doce carrozas mas, y tantos invitados con sus pomposos atuendos de familia de gran prestigio en la ciudad portuaria. Se dirigían a la puerta de la basílica de San Marco.
Al entrar dentro, la maravillosa representación de diversos frisos enmarcados con muros policromados en oro brillante, de pasajes de la Biblia. Al fondo, un pantocrátor regia el altar, donde la novia esperaba a su futuro esposo.

Los afortunados: la familia de Undino, mercaderes de “sal” y especies del norte de África. La sal, cuyas propiedades era la de conservar la carne, el pescado y diversas utilidades mas, en la edad media fue considerada como un producto necesario e incluso de motivos políticos y comerciales. Los Undino, era una familia de Argelia, que habían probado de mercadear en las costas italianas para conseguir durante los años un considerable patrimonio. En los 90, su sueldo anual había llegado a los  60 mil florines de oro, y todo gracias a la sal transahariana.  
Por otro lado, estaba la familia Norfolk y su hija Narea, una hermosa mujer de color y piel ligeramente morena, que contrastaba con sus ojos claros y azules.

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La familia del novio, estaba complacida por el contrato matrimonial.
Un día antes de la ceremonia, en la casa del novio, el enclenque varón de los Undini, se quedo prendado de ella. “.- Era cierto lo que decían,.. Ella es muy bella…-“ (Dijo a su madre mientras sonreía de su suerte por haber encontrado una candidata de su agrado)
En contraste, por supuesto, de lo que dijo Narea al oído a James Nork, al contemplar aquella nariz chata y esos ojos redondo y  saltones.
.- ¡Estáis loco! ¿Y queréis que me case con este?.- (Dijo Narea disimulando…)
.- Querida hija, acatareis mis órdenes. Y una vez casada disfrutad su patrimonio como os plazca.. me ¿comprendéis?. (Dijo disimulando y sonriendo  a los demás en la cena)
.- ¡No soy vuestra hija! (contesto al oído de James)
.- mi querida… ni yo aristócrata ingles (Dijo James disimulando de nuevo).
Entonces, el capitán James Norfolk, representando su papel de mercader  de vino ingles, levanto su copa.- Propongo un brindis!. ¡“larga vida a los novios”!.-
Narea le dio un golpe. James se atragantó con el sorbo.
Los dos sonrieron disimulando.
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El mercader ingles de vinos, observaba asombrado de la calidez artesanal de la basílica de San Marco, al ver aquellos maravillosos frisos y la estructura colosal de aquel templo religioso. El capitán James, deseaba todo lo mejor para su hijastra Narea, lo que no pudo hacer por su difunta Elisabeth. Después, de que se sintiera molesta por todo lo que paso en la noche anterior a la ceremonia, el capitán, creyó que no vendría. Pero allí estaba, preciosa y con el vestido blanco de novia, mirando al altar.
James se acerco y le dijo al oído.- gracias por venir. Solo quiero lo mejor para ti.- Sin embargo, de la figura de la novia, no salio ni una sola queja. ¿Que extraño…? Siempre se quejaba de todo. No izo caso y se acomodo en uno de los bancos frente al altar.
Los demás invitados iban entrando, y como tales se iban saludando sobre la marcha y en silencio de respeto a la curia celestial de los posibles santos en presencia de la ceremonia.  ¿Cómo les iba en la vida?.  Aprovechaban a decirse unos a otros, por que tan solo se veían fugazmente y cuando se cruzaban por la calle o en algún puerto del mediterráneo. El murmullo de los cuchicheos de los grupos de gentes formados por amigos y familiares resonaba por toda la basílica. Al cabo de unos minutos, la música hizo cesar y contener la respiración de los presentes. De la puerta del lateral, salió un hombre mayor y canoso con los atuendos sacerdotales.
El párroco hizo una señal y la música junto con el coro, resonó por toda la iglesia.  
Después del sermón, la ceremonia comenzó.
.- “Albertino di Undino” ¿desea a Narea de Norfolk como su esposa, respetarla y honrarla en la enfermedad y en la pobreza hasta que la muerte os separe?
.- Si, quiero.
.- Narea de Norfolk, ¿desea a Albertino di Undini como esposo?
El silencio reino en aquel momento. El desconcierto en todo la basílica se podía cortar con una espada, pues de los labios de Narea, no surgía ninguna respuesta.
El joven Albertino, el futuro esposo de la novia, fijo su atención en aquel rostro oculto tras el velo blanco.
Sus manos temblantes se acercaron al visillo para contemplar la bella imagen de su esposa.
¡Y en aquel instante! La sonrisa cómica de un mono “Capuchino” mostrando sus dientes y sus ojitos pequeños. El esposo, casi cayendo de bruces hacia atrás, contemplaba como ese mono le reclamaba su beso de compromiso mostrando y juntando  sus labios.
.- Nareaaaa!... (Grito el capitán, haciendo temblar los cimientos de la basílica).
                      
                                     *          *        *

La supuesta esposa, salía por una de las salidas hacia la cúpula central de la basílica. Una especie de techumbre aterrazada de pocos metros de plataforma, donde la servidumbre y los obreros la hacían servir para reparar las cinco cúpulas. Allí, le esperaba “el señor Tuercas”. Un extraordinario ingeniero, que formaba parte de la tripulación del Sophie.
.- ¿Lo habéis traído?
.- Si, aquí tenéis pequeña.. (Dijo mientras le entregaba un paquete envuelto con una tela negra.) le he hecho una pequeña modificación…
Narea, lo miro extrañada. En aquella envuelta, habían dos brazaletes, que al apretar una palanca del mismo salía un hilo metálico capaz de soportar el peso de unos 150kg.
.- Wuao!... tan solo os pedí, que le pusieras un filo en el lateral.
.- Por quien me habéis tomado! Por supuesto! Si giráis la mano observareis la hoja.
Así es. Narea mientras se vestía a toda prisa; una blusa blanca, botas de cuerdas hasta las rodillas, calzas ajustadas de cuero para mayor movilidad y un turbante negro en la cabeza,…. pensaba….No. ¡“Ansiaba”!, utilizar aquellos dos juguetes que “el Tuercas” le había diseñado especialmente a ella.
En efectivo. Aquellos endemoniados brazaletes pesaban un poco y le llegaban hasta los codos. En aquel momento, levanto su brazo y a punto en una de las cornisas del Palazzio Ducal.
.- No sale…
.- Permitidme…
De una de las ranuras, salió disparado una especie de cable con una bola empuntada que permita enrollarse a cualquier parte.
.- Es un cable.
.- ¿El que?
.-… no importa…un diseño propio
Narea se reía..- Si claro… como las ruedas perforadas  de tus sueños a las que llamas tuercas…-
.- ¡No os riáis! Gran parte de ellas hacen posible que este artilugio funcione.
.- ¿Y bien? Como hago para recuperarlo?
.- Hija del demonio! Tan solo bastara que uno de vuestros dedos toque esta palanca de aquí. ¿La veis?.
El hombre, con una edad ya mayor, la miro con cariño.
.- Vuestra reunión, esta en una de esas barcazas….¡ Suerte pequeña!
.- Gracias.
Narea se oculto en aquella sotana negra. Y saltando al vacío, fue a llegar a una de las techumbres de lo que era la casa del Dux de Venecia. Aquella cuerda metálica, le permitió colgarse de una de las cornisas impulsando el salto hasta la techumbre del edificio de al lado. Una vez allí, se giró. Aquel brazalete funcionaba a la perfección. Y narea quiso contemplar el carismático rostro de su buen amigo “el tuercas”. Después, siguió corriendo y saltando por los tejados de las casas venecianas, hasta llegar al puerto.

                               *      *      *
Al mismo tiempo.
En el Palacio Ducal, el dux de Venecia Anton Venier, observaban maravillados las dos potentes construcciones para la defensa de la ciudad. Dos torres de 40 metros de altura, con bombardas apuntando hacia mar adentro. Debían de protegerse de cualquier tipo de amenaza que proviniera del mar.
.- ¡Sorprendente! (Dijo Anton, mientras sentía el tacto frío del acero de aquel tubo) ¿Y decís, que esto puede llegar a esa distancia?
.- No desde esta altura milord. Se precisa disponer de más altitud, para que los proyectiles lleguen a esos barcos. Por eso hemos construido, con los fondos de la ciudad, estas dos torres. Además, disponemos de una línea de fuego en la parte de arriba en el mismo palacio.
.- Un palco esplendido para unos cuantos cañones ¿no cree? ¿Señor Miliari?

Todos rieron del comentario del Dux.
.- ¿capitán Miliari? Seria posible una pequeña e insignificante demostración del poder de estos juguetes?
.- Por supuesto. ¿Ven el barco de paja en la bahía?
.- ¿Junto  a esa “Coca” que se aproxima hacia nosotros?
.- Si. Hemos preparado todo, esa barcaza vieja, para su demostración. Ahora mismo mandaré que lo preparen.
.- Gracias Capitán.
              
                      *       *      *
Narea, había llegado a la embarcación, en donde tenia una supuesta reunión con uno de los marineros.  Un hombre demacrado por la sequedad y de trabajar bajo el sol, la miro con su mirada fija.
Escupió al suelo mientras le pregunto: -.¿eres la hija del capitán Nork?.-
.- ¿Quién lo pregunta?
.- Vos queréis saber, del destino de las nigerianas del Asha-Nari, ¿cierto?
.- Si, Tened.
En aquel momento le entregó una bolsa de monedas de oro. .- Bien..-. El sujeto, se puso el florín en uno de sus dedos y lo movió con agilidad, ofreciendo la primera señal a otro sujeto a varios metros de allí, el cual se puso a pescar. .- debemos esperar….-

Narea, buscaba información sobre el paradero de sus primas y en especial el de Jana.
En la Coca, que acababa de fondear en el puerto de Venecia junto con las miles de embarcaciones, había  hombre en la verga más alta, que le saludaba a otro de su reciente llegada. Este, postrado ante las aguas, como si estuviera pescando, cambio de posición ofreciendo otra señal al hombre que acompañaba a Narea.
.- Ya han llegado. Debemos subir al bote.
Un bote, vino hacia ellos dos. Subieron. Entre los dos secuaces fueron remando, mientras que ella mantenía el equilibrio sorprendentemente. Miraba a barlovento y a sotavento, pues a pesar de aquel día luminoso, no se fiaba ni de su propia sombra.
Al llegar a la Coca, una escalera de cuerda salto por la borda invitando a subir. Una vez allí, un hombre de color, sentado en su despacho, mesa de madera y una silla, vio como la bolsa de monedas resonaba con su peso en oro, demostrando así la autenticidad de la reunión.
A Narea le palpitaba el pecho.
.- ¿Así que deseáis saber lo que paso con las nigerianas?
.- Por supuesto, que sabéis de ellas.
.- Todos saben lo que pasa después… las que valen son llevadas a Argelia, Barcelona, Lisboa y posiblemente a Flandes o Londres.
.- ¿Y las que no..?
.Todos se rieron… hablando entre ellos en un idioma que no conocía. Narea apretaba su puño, para contenerse.
.- Tombuctú.
.- ¡Donde están ahora! (Dijo golpeando la mesa)
Las risas cesaron. Y el ambiente se puso tenso. Aquel sujeto de color, le miro a los ojos.
.- ¿Sabe cuanto pagarían por usted?.... En Argelia, las mujeres como vos, valen tres veces y mas si pertenece y es esposa de un Undini.
Dos sujetos, se aproximaron a Narea por la espalda y uno de ellos le agarro por detrás.
.- Creo que lo entiendo…no estáis aquí por la información ¿verdad? (Dijo mientras intentaba hablar, ya que el potente brazo de su carcelero, le presionaba el cuello).
El que regia aquel sequito de secuestradores, sonreía…
.- Mi nombre es Zulu. Y se quien sois, mis hombres os llaman “la negra”. Cuando abandonasteis el Asha-Nari, provoquemos un botín. Nacrowell, nos lanzo cerca de las costas del golfo de Guinea. Han sido tiempos muy duros para nosotros, hasta que descubrimos como ganarnos la vida. ¿Sabéis? Nadie quiere unos marineros que provocan botines en alta mar… Pero nuestra suerte cambio, cuando en Argelia, se reclamaba en el foso clandestino, luchadoras femeninas. Adivinad, ¿En quien pensemos en ese mismo instante?... Cuando llego a nuestro oídos de que una mujer de color buscaba información de unas nigerianas de Nomaitu, el cielo entero se abrió ante mi presencia….
Zulu, se acerco a la altura de Narea..- Vos… vais hacer que gane mucho dinero.-
Narea intentaba zafarse, pero aquel hombre era muy fuerte para ella.
En aquel mismo instante. Una explosión cerca de la Coca. Una especie de navío, explotaba por el impacto de un proyectil proveniente del puerto de Venecia, del mismo palacio Ducal. Narea, no dudo en utilizar la audacia adquirida con su maestro, durante estos largos años, había aprendido a saber comportarse en el menester y el enfrentamiento cuerpo a cuerpo.
Al mismo tiempo, la artillería del “barco de paja” había hecho llegar ciertas partes incandescentes, que toparon con el almacén de pólvora de la Coca. Narea, con mamporros aquí y allá, se deshizo de sus asaltantes y cogió a Zulu por el pescuezo.
.- ¡Donde!
Los dos miraban como la pólvora comenzaba arder.
.- No lo se!
Narea movió su muñeca y del lateral del brazalete surgió una hoja de media luna, que araño el rostro de Zulu.
.- ¡Donde! Si no queréis que os convierta en mujer! (dijo poniendo aquella hoja en sus partes)
.- Solo se… que ella esta aun con el Persa.
.- ¡Donde! Maldito hijo de perra!
.- ¡En Espolón!
Las bombardas de la Coca, poseídas por la artillería que provenía de la explosión del barco de paja (barco real, para la prueba), comenzaron a bombardear el palacio Ducal. Con tanta mala suerte, que uno de los proyectiles cayeron en una de las enormes torres de la ciudad de Venecia. Esta perforada, comenzó a derrumbarse lentamente.
.- ¿Señor Miliari? Por que razón los proyectiles de esa Coca son mas fuertes que los nuestros? (Dijo Anton, mientras veía como una pared de 14 metros de groso, había sido atravesada de lado a lado.)
.- ¡No lo se señor! ¡Desconozco ese tipo de material, jamás había visto algo semejante! (Dijo mientras se ponía en cubierto tras las almenas. Después, salio y ordeno el contra ataque) ¡A mi orden!
Desde la costa, todo el bastión y de la única torre que quedaba en pie, se organizaban para preparar el fuego de mortero y hundir aquel insurgente barco.
Narea comenzó a correr por cubierta. Aquello iba explotar en cualquier momento. Antes de saltar, pudo percibir, como el palacio ducal, había sucumbido a las bombardas de la Coca en donde estaba. Todo se veía muy feo desde allí. Y por supuesto, ahora era el turno del Dux.
Narea saltaba de mástil a mástil, de barco a barco, mientras que aquel endemoniado fuego de mortero se encargaba del destino de más de la mitad de los 3000 barcos fondeados en el puerto de Venecia. Las astillas como flechas, despedazaba junto con la artillería a todo marinero que estuviera en cubierta. Narea saltaba y saltaba, mientras que por detrás dejaba destrucción y explosiones a diestro y siniestro.
Finalmente, pudo hundirse en las aguas para refugiarse de aquel terrible infierno.


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