domingo, 26 de abril de 2015

HISTORIA II: Black Rouse. Capitulo 13 "Certezas"




                                          "Certezas"                             

Sir Robert, el Comandant, observaba en la terraza del palacio Ducal de Venecia, como cargaban todos esos recursos necesarios para emprender la travesía. Un rumbo, en que los religiosos llamarían como “blasfemia y conspiración contra el padre celestial”.
La corona de Aragón, sus súbditos, mercaderes importantes y reconocidos en varios puertos del mediterráneo junto con los aristócratas de la corte aragonesa y de la casa de Barcelona, creían que todo esto, era para conquistar ese mineral tan preciado. La plata azul o como los alquimistas lo llamaban “Metaludeus” el metal de los dioses, permitiría que esos codiciosos Florentinos y Venecianos junto con los catalanes, dominaran el mundo. Sir Robert, aparentemente, pretendía otra cosa… No le interesaban los florines ni el control marítimo, ni ser un sicario al servicio de los nobles y la cámara del comercio de “La liga de los mares continentales”. El tenía otros asuntos, que iban de la mano y en la misma dirección que el de sus caprichosos deseos. La plata azul y su conquista, era clave para llegar a ella.
                   
“.- Hay cosas que el tiempo no suele cicatrizar. Existen heridas que son tan profundas que llegan hasta el alma. Estas, suelen ser tratadas como meros rasguños; un poco de atención, un tanto de respeto y finalmente comprensión… mucha comprensión. El resto, y  de las que no se puede hacer nada, suelen no tener la relevancia que se merecen. Entonces, el alma sufre y busca… “las heridas del espíritu no se suelen apreciar a simple vista” o como dijo mi buen amigo el monje “Miquel de Agramunt”  “una alma sin heridas, no suele ser humana”.
En la mirada radica la verdad de lo que somos realmente. En ella se refleja la certeza de nuestros deseos, de lo que sentimos  y desafortunados encuentros con causas y decisiones que no supimos afrontar como nos hubiese gustado obrar. La amarga carga del destino. “El sabio que no pertenece  a esa época” es consciente de esta herida. Sangra por dentro, lenta y silenciosamente a pesar de superarse a si mismo … No es sabio en realidad. No me considero así en absoluto,  tan solo  se cosas que los demás todavía no han sufrido. “Una persona sabia” en su maestría comprende los pequeños síntomas de un mundo y sus avatares, yo todavía intento comprender por que los que poseen mas desean aun mas.. No por ello me hace  mas capaz y pleno en sabiendas….”El maestro”  sin conocer el remedio, a pesar de ello, conspira con el tiempo en busca, no de la verdad en general sino la certeza y comprensión de su problema y el de como supurar esa herida tan profunda, cosa tan distinta en mi caso… en cada enfrentamiento, también recibo mi parte, aunque no se perciban esas heridas en mi piel, estoy seguro de ello, que mi espíritu sangra, silenciosamente…Lo se, el hecho de ser “un maldito”, no me hace ser poderoso ya que me siento mas agotado…El menester de vivir sin ser perseguido por el tiempo, se hace cada vez mas pesado cuando ves que no formas parte de lo que te rodea. Ese es el precio más costoso de todo esto. Mientras que otros en su lecho desean poder vivir 5 años mas para enmendar sus designios, yo anhelo la posibilidad de cese y abrazar a la muerte como una amiga y no como una entidad oscura y tenebrosa como fue la de mi redentor.” (Se decía a si mismo, sir Robert el Comandant. En esos momentos en el que, esa parte de nuestra razón y como un maestro-guía
Escucha como nuestros pensamientos cobran voz propia.)
Este cerró los ojos para recordar, su último momento con su gran amigo el monje, el padre Miquel de Agramunt.


 (Corona de Aragón, 1380)

.- “El tullido”, “El ciego”, “El leproso”, “El feo” e incluso “El malvado” Todos ellos hicieron que nuestra existencia fuera posible. Los caminos del señor son inescrutables mi joven Robert, y de alguna forma también vos estas aquí por lo que esos hombres hicieron en vida. No creo que llegases a mí por casualidad, pues me gustaría pensar que fue nuestro señor quien os propició nuestra reunión en aquella carreta en pleno invierno… Debéis cumplir con lo que se os comandó cuando vinisteis al mundo, sir Robert. Se que sois un hombre de honor y de noble corazón, y estoy seguro que si “el” os ofreció una espada en lugar de una pluma, no es mas para que cumpláis vuestro sino en este mundo gobernado por el diablo.
.- Gracias padre. Pero esa espada comienza a ser muy pesada para mí. Hecho de menos mi… bueno… de donde vengo…
.- Estoy seguro, hijo, que no sois un capricho del Santo Padre. El señor también se sirvió de la fuerza de Sansón para tumbar los pilares del templo de los Filisteos, y de la astucia de David para tumbar a Goliat, si vos llegasteis a su casa, es por que vuestro destino esconde un cometido muy especial que vos debéis acatar como siervo que sois. Oh si!... lo se… soy consciente de que vos no sois creyente, os he podido observar en las “oratorias” no mover ni siquiera vuestros labios... Soy consciente de vuestra atea devoción, pero “el” tanto como yo, se que vos lo respetáis como nuestro santo padre, y eso os hace ser mas creyente que el hermano monseñor Andre.
.- “Pater”, vos no conocéis quien soy realmente (Dijo Sir Robert deseando confesar su verdadera identidad)
.- Hijo, tal vez no sepa lo suficiente para reconoceros “quien sois en realidad”, pero vuestros ojos son puros y transparentes como la miel, seáis creyente o no, en vuestra mirada se percibe esa carga que ostentáis y que en mi opinión debéis de llevar a cabo. Y Aunque vos, no lo aceptéis, formáis parte de la comunidad del altísimo, sabe que también las piedras del camino fueron creadas por el y que ellas tampoco envejecen. Id y cumplid con vuestro cometido. “yo os bendigo en el nombre del padre del hijo y del espíritu santo”. Podéis partir mi querido amigo. Y recordad que todas las criaturas fueron creadas por “el”… incluso vos.

Una gota se fundió en la mano del joven Comandant. Aquellos años en el monasterio de Vic, habían sido los más tranquilos de toda su vida. Un lapsus, en aquel gran recorrido cuesta arriba. Los días, en el que pudo dormir en paz, noches  en  cuyos sueños,  tenía que correr mientras todo el mundo descansaba. No importaba lo duro que había sido el día, aquellas criaturas lo esperaban en el placido mundo de los sueños. Un precio que tenía que pagar por haber borrado su nombre en la lista negra de “el de la guadaña”.  Aquel tiempo, cuándo formó parte de los hermanos benedictinos del monasterio de Vic, supo por fin, lo que era descansar, lo que podía ser “ser normal”. Sir Robert, pudo contemplarse y reflejarse sin espejo alguno, en su propia esencia y lo que hubiese sido, sino hubiese pedido ese deseo.
Nunca había llorado por ello. A pesar de todo lo recorrido y de haber experimentado la apreciación de esas criaturas que no se ven, aquella mañana en aquella terraza, todo se abría como una flor en primavera. Tal vez era su corazón, que acostumbrado a toda una cantidad y variopintas agresiones y desafortunados encuentros con esos seres de ultratumba, se había encogido por el frío helado que se encoje cuando no se percibe caricia desde hace mucho tiempo. Su corazón, tal vez comenzó percibir algo en la lejanía y ese doloroso palpitar, como un músculo atrofiado y retenido por un gran letargo comienza a despertar y por ende a ser doloroso. ¿Tal vez era el sentimiento olvidado de ser un simple hombre, que como individuo pasea por sus orígenes al cabo de 10 años para recordad quien fue en una época? O ¿Tal vez, era una chispa de mortal, pequeño legajo de lo humano que había quedado retenido en su corazón cuando fue maldecido para siempre?
Hacia tiempo, que no ofrecía una lagrima a su rostro.
Y aquel rocío humano, de “tal simple gota” parecía ser tan fuerte y preciso como el filo de una espada.

De su zurrón, se saco una piedra grisácea y blanquecina. Un pequeño tesoro, en el que en presencia de los demás seria una mera piedra de río. Aquella cosita, era tan antigua como el, y mucho mas…
Aquella pequeña insignificante piedra de río, era la muestra de lo que el era exactamente y de lo que fue su tierra natal. Lugar, que nunca se escribiría de ello y que los sabios fueron olvidando en el devenir de los siglos.
De sus nudillos, sutilmente mojado por el rocío de sus ojos, untó la piedra en aquel instante, como queriendo recordarse a si mismo, que el no pertenecía a este tiempo.
La miro, como si en ella percibiera y visualizase en su suave textura, “el Arcur” de su tiempo…. : “Tarakubiat y su humilde casa cercana a los muelles de la gran ciudad de Arcur. Y recordó un pequeño fragmento, una de esas cosas tan simples y cargadas de una gran fuerza emocional, esas dichas que se quedan grabadas en la mente, meras palabras  frágiles, sutiles y  precisas, como la fina tela de  araña tambaleante ante la brisa que la balancea..

“Una piedra para recordar que todo es posible”
“Y un beso para que nunca te olvides para que viniste a este mundo”