martes, 9 de junio de 2015

HISTORIA: I "La reina de la lluvia".Capitulo 14 "Posesión"

    

                        “Posesión”
La noche se hizo pesada para el grupo.
Un día bastante agitado para todos, el hecho de volver a montar la tienda de nuevo y de reorganizar todas las cosas otra vez, les llevó toda la tarde. Los tres, no se dirigieron la palabra durante todo el día, tan solo algún que otro gesto, señales con la cara bajada y señalando con el dedo, un  medio de interactuar y de cómo organizarse muy parecido al que ocurre cuando te sientes molesto por algo con las personas que quieres. Cuando uno se siente así, suele cansarse mas,  y todo esfuerzo físico hace que las cosas sea aun mas pesadas de lo habitual. Sin embargo la esencia de equipo se mantenía aun firme: Juan comprendía las opiniones de Sussi, a pesar de todo. Jordi, en cambio, se sentía incomodo cuando ellos dos no se hablaban, siempre que discutían por alguna tontería, el se sentía en medio, como un simple estúpido y como si no existiera, francamente le hacia sentirse como cuando era pequeño y sus padres no paraban de discutir por causas estúpidas y referente del hogar, odiaba todo eso y muy a menudo le recordaba su dura infancia privilegiada “familia rica con tan solo un solitario hijo que debía de jugar con todos esos juguetes tan ansiados por los niños de la clase de su colegio. Sussi, en cambio y a diferencia de ellos dos, tenía su mente en otra parte. Observaba aquel friso constantemente… ¿Qué era realmente el ojo azul? ¿Qué encontraron los soldados del emperador Nerón en África, un submundo? Y lo mas misterioso de todo ¿Por qué Dorothy no vino a buscar la joya de la corona de su familia?… ¿Por que se dirigió precisamente a Juan?

Sussi se hacia esas preguntas. Observaba a Juan como de vez en cuando se ponía la mano en el pecho. “Por dios! Que cosa tan extraña!”. Mientras que montaba la tienda de campaña, no paraba de realizar el mismo gesto. Pero le evadía a Sussi cuando ella intentaba acercarse a el.

Todos estaban muy cansados. La mente no suele trabajar de la misma forma cuando uno esta muy agotado. La sangre tal vez no fluye con esa intensidad o tal vez el oxigeno no llega bien al cerebro y es entonces cuando todos esos pensamientos egoístas y nada reales nos invaden, haciéndonos ver cosas que no son verdad. Sin embargo, la fuerza de la amistad, propicio una pequeña tregua a la hora de la cena. “Dos personas no se pelean si una no quiere”, pero cuando el caso es de “tres”, el del medio soporta una carga; la de mantener firme las razones de por que son todos amigos. Sussi, como mujer, sabia “como” y “que” tenia que hacer. Comportarse como una buena amiga: “No importa el pasado, lo que importa es que todos están bien”.
Pero Juan, reaccionaba de una forma distante. Pues algo le pasaba. Su forma de ser, no era esa. Y durante toda la cena, sin decir nada y con la mano en el pecho, como si le doliera algo.
.- ¿Juan? ¿estas bien? (dijo Sussi después de reírse con Jordi y de sus infinitas gracietas)
No contesto.
La mirada de Juan a Sussi, se podría describir con una sola y amarga palabra: “fulminante”. Fue como esas miradas que atraviesan en alma, como cuando no comprendes que es lo que le pasa a esa persona que tanto te importa y esta, molesto contigo, se defiende como un gato en celo, como haciéndote saber “que sabes muy bien lo que pasa”.
Sussi, por su parte, se pregunto “si Juan tenia celos de Jordi”. Pero su instinto femenino, le hacia saber que todo lo que le pasaba tenia que ver con lo que tenía en el pecho.
Cuanto lo echaba de menos… desde que estaban allí, Sussi se daba cuenta de que algo lo estaba separando de el. Cuando más cerca estaba de saber algo mas del ojo azul, ella se alejaba de esa posibilidad de que hubiera otra oportunidad, después de varios años sin estar juntos.
Sussi, lloraba por dentro.

Al cabo de varias horas y después de la cena…
Jordi, que dormía en el la habitación de la izquierda, roncaba sin cesar y abrazado a su almohada. No cesaba de besarla entre ronquidos, como si estuviera soñando con alguien en especial. En cambio, Sussi, que se había quedado en la mesa de camping ojeando el códice, se encontraba desparramada como si el sueño la hubiese invadido a media lectura. Finalmente, Juan, el único que parecía no complacido con sus sueños, no cesaba de moverse. El pecho le dolía con más intensidad que nunca.

En aquel instante, en la mesa de camping, la taza de café se volcó a causa de que Sussi la había tumbado con su mano, al moverse. Aquella agua negra, se deslizaba gobernante por aquella superficie chapada imitando la madera de haya. Una vez tocado el borde de la mesa, comenzó a gotear hacia el suelo fundiéndose  el café con las baldosas de piedra. En aquel lugar solo reinaba el silencio, y las imparables gotas, comenzaban a caer con más lentitud que al principio.  Al cabo de unos minutos, era como si el tiempo transcurriera menguante y a cámara lenta y las gotas de café que caían desde el borde de la mesa de camping, parecían ser mas pesadas que nunca..

Juan no podía dormir. Le dolía muchísimo el pecho. Era como si tuviera “algo” clavándose cerca de su corazón.
Recordaba, medio despierto, que aquel dolor se había intensificado cuando comenzaron a montar el campamento, dentro del recinto, en el claustro y en el interior de aquella enorme cueva.
Las gotas de café persistían en caer, cada vez mas lentamente. Hasta que al final, una de esas gotas se quedó suspendida en el aire, como si el tiempo se hubiese parado.
Juan, se despertó en ese instante. Pues un rostro le estaba observando. Cara a cara.
Era una mujer, con los pómulos de la belleza bien marcados. Ojos de un verde luminoso y transparente, como el color de las hojas en primavera, verdes frescos de una mañana de rocío, el follaje de las arboledas de esos bosques tan frondosos de unas de las comarcas catalanas como es el “bosque de Sant Juliá” en la comarca de Osona. Piel blanca como la luna que contrastaban con unos labios carnosos aparentemente rojos como las rosas del patio del complejo hospitalario.
Lo curioso, es que Juan, no podía moverse. Su mirada parecía no necesitar esas dos extremidades para contenerlo inmóvil y sujeto. En aquella bella y hermosa mirada, parecía contener un cierto poder fuera de este mundo.
Le inspiraba deseo y humillación, ansia y ambición por usurpar su cuerpo.
Por más que quisiera, no podía moverse. Aunque hiciese fuerza con sus dientes, el cuerpo no lo respondía. A pesar de varios intentos de querer controlar aquel terrorífico instante, no podía hacer nada. Aquella entidad, le miraba; seria y fijamente,  envuelta en un aura de oscuras intenciones.  El sentimiento de “inmovilidad”, mantenía a Juan a raya, como si estuviera atado a la cama o como si multitud de manos sujetase todo su cuerpo. Y entonces, comos i su boca estuviera cosida, intento gritar como pudo, sonidos profundos como si estuviera amordazado.
La presencia, por fin expreso un gesto, una mera compasión para su victima, una pequeña muestra de actitud, una muesca de gratitud entre el lado del mundo real y el mundo de lo no existente. Finalmente, también se pudo escuchar como una risa hueca y profunda que se difuminaba en la oscuridad al mismo tiempo que se transformaba en humo….
Juan abrió los ojos.
Se levantó de su cama. Pues no había nadie con el. El sudor de su cuerpo brillaba con la tenue luz de la luna, rallos blancos y difusos que invadían desde una oquedad de la propia caverna hasta llegar a travesar la tela de la tienda de campaña. Sus ojos, sin pupilas, espantosamente  opacos, sutil referencia de que algo se había hecho cargo de su cuerpo atlético y musculoso.
Al salir de la tienda, una vez puesto los pantalones, pudo contemplar a Sussi completamente dormida. El supuesto Juan, no se lo pensó ni  un solo instante y recurrió a su gesto de caballerosidad, y como si “al más allá” le importarán esa cosas, así que puso cuatro papeles de periódico encima del café derramado, levanto la taza y cogió a Sussi en brazos, como si todo transcurriera con normalidad.
Cuando se dirigían al habitáculo de Sussi, ella se despertó.
  Juan tenía el color de sus ojos intactos o eso parecía… ya que la penumbra ocultaba a ella la posesión de este, como un velo negro y oscuro.
No existían palabras. La esencia que desprendía aquel hombre, era suficiente cautivadora para que Sussi se quedara, ahora, completamente prendida por aquellos atributos varoniles; una magia que una simple mortal no sabía apreciar y menos en aquel semioscuro habitáculo de la tienda de campaña.
Sussi percibía su olor, la esencia de Juan le hacia que se excitase. El gesto tierno de llevarla a dormir, el hecho de tenerle delante ante sus labios hizo que la barreras de la dignidad y la conciencia se desplomaran en ese mismo instante.
La maldad, se insinúa de manera atractiva y complaciente, es el autentico cautivador sexual, el tramposo, el brujo y mago del placer, el malabarista del engaño hermoso por fuera y podrido por dentro. Ese personaje hipnotizador que activa el ansia reclamada de su victima, ese deseo profundo y agarrado como una garrapata en la mente, que solo sale a la luz cuando un ser malvado hace acto de presencia o simplemente cuando se embriaga el ser humano y elimina de su mente todo raciocinio.
Todo lo que pudo pasar en un pasado, ya no existía. Tan solo importaba ese momento. Una sensación de calor gobernaba a Sussi, cuyo cuerpo reclamaba esas caricias tan intimas y personales, ese deseo de fundir su cuerpo con el suyo. Finalmente y como era de esperar, el  ansia derribo la ya franqueada línea de la continencia y tal beso profundo y muy intenso, se apoderó por siempre jamás de los anhelos de Sussi.

En el resto del recinto, en aquel claustro de los mil un misterios que concernían en ese lugar,  parecía estar en calma y muy tranquilo. Todo, menos en el habitáculo de Sussi, donde dos sombras estaban haciendo el amor.
Al mismo tiempo y equidistante a los actos de sexo que se estaban realizando en la tienda de campaña. Unas de las piedras, comenzó a grietarse.
 En las afueras de claustro, mucho antes de entrar al mausoleo, unas de las esculturas que franqueaban el acceso, comenzó a temblar. En la parte de la cabeza, en donde estaban los ojos de aquel enorme grifo, una grieta  comenzó abrir decisivamente.
¡Y en aquel instante! Un fragmento de piedra salto.
De la oquedad oscura de la escultura, una obertura desveló, en ese momento, el vacío del grifo de piedra: ¡De repente! un ojo rojo izo acto de presencia, seguido de un alarido, el grito de un cerdo en el matadero, el lamento de un animal encerrado durante mucho tiempo, el bramido que se adueñó de toda la caverna y que había despertado por fin después de un gran letargo.
Finalmente, el ruido de unos engranajes comenzaron a moverse.
Jordi se despertó. Se tapaba los oídos: Aquel ruido mecánico resonaba por todas partes. Era como si una maquina enorme, como de una fabrica, comenzara a funcionar.
Juan, despertaba, retorciéndose de dolor por el suelo de la tienda de campaña. Sussi que estaba a su lado y desnuda, acudió a el. Pero aquel ruido tan ensordecedor, la ralentizaba y doblegaba.
A rastras, Sussi, cogió un jersey cualquiera, para ponérselo y atender mejor a Juan.
De golpe, el ruido cesó. Aquella maquina, paró. Jordi, salio de la tienda de campaña. En medio de aquel patio medieval, contemplaba todas las esculturas del friso y aquellas columnatas figurativas y con motivos humanos, todo parecía estar en su sitio. Todo…menos la puerta principal.
¡Estaban encerrados!