lunes, 31 de agosto de 2015

Historia I. "La reina de la Lluvia" Capitulo 20 "Domina"



"Domina"

“El atractivo, el galán, el misterioso y seductor. Su aura refleja una intensa fuerza de seducción, un poder que no es de este mundo, o simplemente, nos es familiar. Hombre, mujer, o “cosa”, realmente… no importa, ya que puede adoptar la forma que más desea. Una especie de velo oculta  su verdadero rostro,  intenciones disimuladas entre promesas alocadas y un abanico de variopintos deseos por cumplir. El capaz, el que sabe y osa, el que involucra y señala con el dedo, el que sonríe y proporciona una seguridad engañosa, el mentiroso, el peligroso, el que conspira en la sombra, el que transmite que “todo esta correcto” cuando tras su espalda “el mundo” sucumbe en una colosal y cruel devastación. El adecuado, el perfecto y el elegido, el que conoce los deseos de todos los mortales, el que mora en la oscuridad y es maestro de la paciencia, el que ofrece todo tipos de deseos y los concede bajo su contrato,  la eterna espiral que no crece y se estanca, el laberinto sin salida y el numero 15.”


Actualidad
(Complejo Hospital Santa Maria)
.- Juan!... Ju..an..! ¡Ayuda!.. ¡Estamos atrapados! (gritaba desde una de las grietas, el único acceso de aire y su ultima alternativa)
Sussi, intentaba mantenerse a flote. Sus piernas, ya cansadas de tanto moverlas bajo el agua, intentaban apoyarse en una de las esquinas del pasillo inundado. Sujetaba a su compañero, con la barbilla mirando hacia el techo para que no se ahogara. Jordi, estaba con los ojos cerrados, desmayado e inconsciente, aquel golpe en la cabeza le había dejado fuera de juego. Sussi estaba muy asustada por los dos. Por si fuera poco, el agua estaba a unos 10º y los primeros signos de hipotermia comenzaban a reflejarse en sus temblorosos labios azules.
.- ¡Juaaan! , ayu.. da.. ayu.. d.. (gritaba Sussi, mientras iba perdiendo lentamente el conocimiento)
La temperatura de su cuerpo había descendido considerablemente. Hacia varios minutos que la sangre había dejado de circular por las extremidades y las piernas cada vez eran más pesadas como sus manos que no le respondían. Normalmente, con la hipotermia, las victimas no suelen darse cuenta de que la están padeciendo. Sussi comenzaba a tener sueño. Mucho sueño. Sus parpados luchaban con lo poco que de fuerza que le quedaba, parpadeaban ya cerrados, como intentando abrirlos, pero aquel agotamiento que había ido subiendo poco a poco, le  absorbía ahora todo la energía  que le pudiese quedar.
Al los dos minutos, Sussi se desplomaba junto con Jordi en lo mas profundo de aquella trampa mortal.
Y Juan, no aparecía…

(4 horas antes)

Sussi cerraba el Codice.
Cargada de entusiasmo se levanto de la mesa y cogió sus herramientas de trabajo: Un casco con un foco de gran intensidad, una libreta y un bolígrafo. Seguro que sentada en aquella mesa barata, no se iban a solucionar los problemas por si solos. Ese lugar era antiguo y era muy probable que hubiera un segundo acceso, es decir “otra salida”. Su intuición femenina, le decía que antes debía de solventar el enigma de las musas de Nerón, reuniendo todas y cada una de las vasijas encontraría el modo de salir. Y sino iba a ser así, al menos moriría con “el ojo azul” en sus manos.

Sussi mientras que caminaba hacia el 3º pasillo, no paraba de pensar en la historia de aquel sujeto “Sir Robert”. Lo admitía, ¡estaba sorprendida! por todo lo que relataba y de  aquellas pequeñas historias;
“un joven que tenia un sueño propio y que firmo su sentencia al pedir un deseo delante de  ese espejo negro”. Se preguntaba ¿Qué pudo sentir en el momento que lo tuvo delante? ¿Qué fue lo que  hizo que cometiese tal imprudencia? y ¿por que?
“Los obstáculos que tubo que superar para  llegar a lo mas alto y derrotar a toda una serie de contrincantes mucho mas fuerte que el, en aquellos juegos seculares que se celebraban en la ciudad de Arcur”. ¿Pero …como? Si el espejo le proporcionó la inmortalidad ¿Cómo pudo derrotarlos a todos? Debió ser un gran soldado. Uno de esos héroes como los que salen en las películas de cine. .-¡Vaya!...- (Se dijo a si misma en voz alta. En su mente, veía a una especie de Brad  interpretando el papel de “Aquiles” con una destreza impresionante y después  al vampiro Lui  ese personaje inmortal con alma mortal que vagaba por las épocas hasta nuestros días)
 “Un gran guerrero de una época muy antigua, un soldado maldito, que lo había perdido todo y que se refugió en la inmensidad del desierto para que nadie supiese de su existencia. Recluso y cautivo de lo que había hecho,” Solo, en silencio y con la compañía del sol radiante y las infinitas dunas del desierto” Sussi subía las escaleras hacia arriba y se sorprendía de  aquella  amistad “con el caballero  ingles” ¿Qué fue de lo que hablaron? ¿Cómo fue para que el héroe volviese a creer en si mismo? ¿Qué le podía haberle dicho  un simple caballero a un hombre que había vivido miles de años en la nada, para que volviera a coger las riendas de su propio destino? Y lo mas interesante… ¿Vivía ahora, en alguna parte en este mundo?
En aquel momento, Sussi se paro… una pregunta más y los pelos de la nuca se le erizaron, una mezcla de satisfacción y miedo al mismo tiempo. ¿y si…!el esta aquí!?
Sussi miro hacia atrás dese el ultimo escalón, como una jovencita que sale con sus amigas por la tarde y pasa desapercibido a todos los pretendientes por que solo le importa uno en especial, observando como si estuviera  realizando una especie de barrido con su mirada intentando encontrar algún tipo de señal sobre ese personaje…. El silencio reinaba en aquel instante. Como queriendo encontrar algún tipo de vestigio que le hiciese saber que “Sir Robert” estaba, de algún modo, en aquel lugar y junto a ellos. El perseguía también al espejo negro.
Sussi volvió desde aquella altura a fijarse en el portón de las musas..- “El espejo negro”-. (se dijo de nuevo a si misma)…. Estaba segura, de que la historia de Sir Robert, el ojo azul y el espejo negro tenían algo en común. .- y si…¿sir Robert no buscaba el espejo, sino el ojo azul?.. . (se decía en voz alta) Vaaa! ¡Que tontería!..- Sussi se puso la mano en la cara. .- creo que el café de la mañana se me esta subiendo a la cabeza…-

En aquel instante, Jordi estiraba las piernas. Como si no hubiese pasado nada aquella noche. Con aquellos “shorts” y unas piernecillas enclenques y velludas, se dirigió a la cafetera medio dormido. Con la taza en mano, observo de pie todo el recinto hasta localizar a Sussi, que lo estaba mirando desde el piso de arriba.
.- ¿y Bien?.. ¿el señor marques necesitara algo mas esta mañana? (Dijo Sussi desde el ultimo escalón)
Jordi parpadeo. Miró al lugar en donde salía aquella voz parecida a la de Sussi. Era ella. En el último escalón.
.- unos crousanes estarían bien, con una pizca de virutas de chocolate… por favor.
.- Si… ya! Bueno… ¿Subes?
-… (levanto la mano izquierda, como diciendo “espera un momento”)
Jordi, cogió la taza de su compañera y tiro las ultimas gotas de café que quedaban en su interior, y la volvió a llenar de aquel liquido negro y caliente. Haciendo dos cosas al mismo tiempo: sorbos pequeños a una taza que ardía y le quemaba los labios y  echando un vistazo a su alrededor, buscando los posibles vestigios de sus pantalones. Dejo la taza medio llena, y apresurado se introdujo en la tienda.
Sussi siguió caminando hacia el tercer pasillo. Mirando fijamente a la efigie y adintelada cabeza de medusa; Potentes colmillos y con las cuencas de los ojos terriblemente vacías. El sueño a un pesaba cuando se preguntaba… .-¿y por que medusa?.- (dijo frunciendo el ceño) Sussi recordó el pasaje del códice y los acontecimientos que ocurrieron en la historia cuando “la ciudad de Arcur fue sacudida por Sack-abbur y sus huestes”. Así que se alejo unos cuantos pasos más para apreciar mejor la entrada al acceso al pasillo. Estaba convencida que el códice anónimo no estaba allí por casualidad y que entre aquellas decoraciones esculpidas en la piedra encontraría esas respuestas que le proporcionaría una información valiosa de lo que era realmente aquella sorprendente edificación. ¡Exacto! ¡Como no!. Las curvas a los laterales del acceso al tercer pasillo, habían pasado desapercibidas. Aquella obertura en el techo de la cueva, prestando a la luz de la mañana incidir de una forma sutil a las molduras onduladas de la entrada, como hecho a propósito, “la cabeza de la Gorgona y los laterales” formaban una sola figura, que con los rayos del  sol desvelaban  aquel misterio, como si de repente aquella medusa tuviera “alas” cinceladas cuidadosamente en aquellos dos pilares que sujetaban aquel dintel, ocultas, entre luces y sombras, y siendo piedras rebajadas esperando “ los primeros rayos del astro rey” para dibujar lo que parecía unas alas de insecto, desapercibidas para el que es poco observador. En la noche, las decoraciones de los dos pilares de la entrada, no se percibían con claridad pareciendo otro tipo de decoración. Pero con la luz del sol, todo cambiaba y aquellos motivos escultóricos se transformaban en alas de insecto con sus cientos de nervios cincelados y pulidos en piedra, un relieve que solo se puede ver con la incidencia de la luz en diagonal. ¡Sorprendente! Entonces Sussi a una distancia, contemplaba que cada acceso de cada pasillo se comportaba de la misma forma, cada entraba estaba gobernada por un ser con cabeza de la Gorgona y alas de insecto…Otra vez la similitud con las historias del códice.
.- “Por el bien de la colmena”…- (se dijo a si misma)
¿En serio eran una ilusión que  aquellas criaturas se dejasen ver ante ellos? ¿o simplemente eran los specchi los que estaban provocando que los tres viesen cosas que no existían?
El silencio era terriblemente apaciguador. Tanto que inquietaba en vez de tranquilizar.

Jordi salio de la tienda saltando y poniéndose las deportivas. No sin antes contemplar a Juan sentado en la cama….- ¿No vienes?.- (Dijo Jordi  a Juan antes de salir)
Juan, no respondió.
 Jordi se extraño frunciendo el ceño, pero  no le dio importancia. Así que cogió su portátil y una linterna. Y fue corriendo hasta donde estaba Sussi.
.- ¿listo?
.-… (Jordi asintió)

Los dos estaban delante del 3º pasillo. Jordi no se había acostumbrado de aquel imponente dintel y su fauces, la sinuosa escultura de “Medusa” le provocaba escalofríos.
Tras pasarlo, Jordi percibió que aquel pasillo era distinto: Las piedras estaban colocadas de una forma peculiar y además eran más grandes, cuyas ranuras estaban ensambladas a la perfección, sin argamasa ni cemento, colocadas de manera aleatoria recordando sorprendentemente a las antiguas ruinas de “los Incas” en  la montaña del “Machu Pichu”. Este repasaba con el dedo aquel perfecto ensamblaje y se miraba el dedo índice de su mano derecha comprobando que ni si quiera el polvo se había atrevido en conquistar aquellas paredes. Húmedas y resbaladizas, como las rocas de una caverna oculta tras una cortina de agua, como las paredes de una cueva tras una cascada. El olor a agua salada era otro de los detalles de aquel siniestro pasillo, pues a una altura de unos 2,20 m aproximados una hilera de salientes recordaba a las criaturas que habían presenciado esa misma noche. Una ilusión que de manera que iba avanzando los segundos y los minutos comenzaba a ser cuestionada. ¿Realidad o simplemente imaginación? Una especie de salientes como gárgolas,  espantosamente estilizadas y alargadas, cuyas  bocas  en vertical estaban cerradas. Como guardianes del misterio, potentes en su silencio y guardando un secreto.
Como si las ensambladas piedras y sus custodios con los ojos cerrados alertarán al visitante. Tres a cada lado y sin mediar palabra, callados como la calma que reclama a la tormenta, rostros tétricos y perversos donde no los hay, inculcando en su disimulo aquel arcano que calaba en los huesos de  Sussi y Jordi. Y al lado izquierdo, en el centro, la obra maldita a explorar “el tercer specchi di l’anima”. El tercer cuadro oscuro, omiso y enigmático, una obra que su valor volvería locos a los coleccionistas  de arte del renacimiento  del siglo XXI, de marcos negros de un tipo de madera cuyos árboles no pertenecen a este mundo. Sussi dibujaba con su casco de luz una circunferencia, cuyo resplandor degradaba los colores oscuros a unos tonos más claros y comprendidos. Un anillo luminiscente en cuyo interior se encontraba la representación de un ser mitológico, “la sirena”.
“Cuerpo de mujer desnudo y en el lugar de las piernas una gran cola con una sola aleta al final, como la de un escualo o tintorera, como la cola de un tiburón azul “una aleta mas larga que la otra”. Cola de pez, escamosa y turquesa perlada, de verdes irisados, marcando el resplandor del tesoro postrado a sus pies. Monedas de plata, maravedís de oro manchados de sangre, perlas que cubrían los torsos y cuerpos mutilados de valerosos marineros…” Sussi prosiguió su estudio. Aquella obra, como decirlo… era escalofriante y al mismo tiempo ¡hermosa! Colores más vivos que las hojas verdes y el follaje recién mojado tras una tormenta, brillante ante el  sollozar del alba, y  llenas de vida propia. Parecían moverse, danzantes a la brisa del mar tras la figura de la sirena o promovidas por las esclavas y espumosas e insumisas fundiéndose en la arena, o de las olas que moraban entre las punzantes rocas de los acantilados, empujadas por una marea ondeante de colores verdes y azules, un gran abismo que parecían moverse por debajo de aquella tunica ultramarina y salada. La textura visual de la piel estaba tan lograda que  la sensación captada por el ojo era transmitida  atravesando la cornea y el córtex cerebral hasta llegar a  la gemas de los dedos de Sussi. Tacto suave y áspero, semi-mojado y recordando al paladar de su boca ese sabor salino tan peculiar cuando los labios masajean, en  beso y recorrido, las sinuosas dunas de la abdominal de una mujer. Sussi se sorprendió cuando llego al rostro del personaje, cuya representación de “ojos llorosos” se reflejaba en aquella criatura. “Espantados y aterrados” por que en su mirada se percibía incluso el hedor de lo que había postrado en su falsa cola de pez.
.-¿Ves algo interesante? (Dijo Jordi de espaldas y estudiando aquellas gárgolas)
.-…
.- ¿Sussi?
Sussi, no respondía. Estaba poseída por aquella obra. Su mente, encarcelada por la visión que estaba contemplando, estaba viajando hacia otra parte. El specchi estaba haciendo su siniestra función: “absorber el alma poco a poco de aquel quien lo contempla… Pero ella, no era normal. Jordi insistía, pero ella atrapada en “lo bello” de esos colores tan resplandecientes y hermosos que transmitían una realidad en 3 dimensiones, como si el observador formase parte de la obra oscura. Sin embargo.. Algo mas estaba pasándole a nuestra Sussi…
Los antiguos lo llamaban el “ed- udjat”: la visión del tercer ojo. El médium, disponía de la capacidad de visualizar y tele transportarse mentalmente hacia la otra parte de la realidad. La mente, a diferencia de un mortal normal se mantenía intacta, amortiguando el tremendo golpe emocional que recibía al toparse con un objeto o puerta hacia el otro lado. Un poder que volvía a locos a los que no lo poseían, desgarrando una gran parte del sistema nervioso y volviéndolos completamente desquiciados y fuera de si.  Un objeto fotografiado  tan solo dispone de dos dimensiones “alto” y  “Ancho”, el mismo objeto delante nuestro tiene 3 dimensiones “alto”, “ancho” y “fondo”, La cuarta dimensión, es la cara que  el ojo humano no puede percibir, esa medida o “esa existencia” que solo podemos deducir lo hacia el “ed-udjat”; el vacío que hace la consistente  cualquier objeto, lo que no se ve y el lado oscuro del mismo. “El don del tercer ojo” era capaz de persuadir esa energía y dividirla en millones de impulsos nerviosos  repartiéndola por toda la masa cerebral, como un gran río cuyo torrente se divide en miles de canales, menguando así su poderosa y devastadora corriente en sutiles ralentizados hilos de agua. Un sistema de defensa, un músculo por así decirlo que solamente es heredado al nacer, “el ed-udjat” permita transmutar las impurezas del exterior en visiones que solo esa mente preparada sabia como persuadir, como las piernas de un malabarista al caer de un gran salto y reparte todo el impacto y lo enfoca a sus dos manos para transmitirlo en el aire. Pero a veces, ese impacto, disponía de una tremenda carga emocional y el individuo experimentado por ese mismo don, sufría las consecuencias en forma de visualizaciones que traspasaban mas allá del propio espíritu, el médium era atacado en la parte mas vulnerable del celebro; los sentimientos.
Sussi, tan solo veía un túnel lleno de luces que le llevaban a un estado alterado de consciencia, “un tubo de gusano” donde el espacio y el tiempo superaban  a las leyes de la física que conocemos. Un viaje de una sola plaza, en la que el mundo seguía su curso con normalidad, pero dentro de ella, la realidad era muy distinta. Como si cientos de estrellas pasasen por su lado a una velocidad de 300km/h, líneas luminosas que se curvaban en los diversos tramos y meandros de aquel canal del ciberespacio. Tan solo fueron unos 30 segundos. ¡Un viaje alucinante! Algo que nunca había experimentado. Por un momento, cuando llego a su destino, se miro las manos: ¡estaban como borrosas! ¡Transparentes! ¡Las palmas y sus dedos parecían estar allí, pero no estaban!. ¿Qué era eso?. Sussi contemplaba sorprendida de aquellos tonos irisados en sus dedos y de cómo, cuando las giraba o movía sus manos podía  ver el corriente sanguíneo de sus dedos, incluso los huesos, como si una parte molecular de ella misma se hubiera dividido en dos; una en el mundo real frente al cuadro y otra en aquel extraño lugar… “Todo estaba oscuro” como si se encontrase en “el vacío”. Y en aquel instante, una luz al fondo. Delante de ella un altar de piedra y el cuerpo sin vida de Juan, con los brazos abiertos. Sus manos medio cerradas y goteando de lo que parecía ser su sangre. Su pecho abierto y tras “el” una figura ensotanada…”
Sussi se veía como borrosa, como si el mundo de la realidad reclamase su existencia, como en un sueño en el que no se puede avanzar y algo que te arrastras hacia atrás…como una pared transparente que impedía que siguiera hacia Juan o como si alguien la estuviera sujetando por detrás. Con todas sus fuerzas quería dar ese paso tan difícil de dar, pero era inútil.
La figura de Sussi, se deshacía en una cola estelar, como un cabello de infinitas estrellas que se dirigen hacia atrás. Ella gritaba con todas sus fuerzas, pero la realidad la reclamaba con más contundencia. Como una estatua de cenizas, como los restos de una fogata quemados en la noche y en el que los troncos se deshacen con tan solo tocarles  la brisa de la mañana, a Sussi se le acababa el tiempo en aquel siniestro lugar y ella persistía, gritaba con todas sus fuerzas, pero algo la silenciaba…
Su alma se rompió como un jarrón de cristal que cae al suelo, al ver que el asesino tenia su misma cara. Un amargo recuerdo con aquel tenebroso encuentro, pues el rostro de aquel ser era el de ella misma.
¡Y en aquel instante!
.- ¡Sussi! ¡Sussi! ¡Sussi!... despierta!
Jordi estaba delante de ella intentaba reanimarla. Estirada en el suelo, le cogía por los dos hombros y con movimientos rápidos y cortos para despertarla. Pero Sussi no reaccionaba. Jordi estaba optando de utilizar bofetadas suaves, como pequeños golpes en las mejillas. Sin embargo en aquel instante, Sussi comenzó a parpadear. Jordi soplo de alivio..
.- ¿Estas bien?
.-…. (Sussi sin contestarle se incorporaba con la ayuda de Jordi, pero se tambaleaba un poco a pesar de estar sentada en el suelo)…ayúdame ¿quieres?... (Dijo como si se acabara de levantar de una corta siesta y mal descansada).

Jordi le cogió por detrás y haciendo impulso después del típico “1”, “2”, “3”…  le ayudó a levantarse. Una vez incorporada, Jordi miro el cuadro..-No deberías de mirarlos… tendríamos que apartarlo y entrar directamente en las salas.
.- Si… tienes razón. Pero… ya sabes… es la costumbre… y ¿Quién sabe? Tal vez nos puedan decir cosas que no sepamos…
.- Lo que tú digas. Pero creo que es una autentica perdida de tiempo. ¡Es mas! Tal vez lo suyo seria que entre los tres fuéramos a cada pasillo y así terminar con todo esto…
Sussi, se sacudía y se miraba el cuerpo por si tenía algún tipo de golpe. Después le contesto…
.-…Parece buena idea Jordi.
Una vez de pie, Sussi se dirigió hacia la pared, donde se aguantaba con su espalda. Se encontraba agotada.  Aquella especie viaje hacia otra parte le había dejado sin fuerzas. En cambio Jordi, cogió el cuadro y comenzó a moverlo para quitarlo del  medio. No podía. Aquel lienzo parecía estar  adosado a la piedra.
Este intentó moverlo de nuevo. Así que Jordi inflando sus pulmones con una buena bocanada de aire y cogiendo bien fuerte el marco de madera oscura, empujo para si mismo con todas sus fuerzas.
En aquel instante ¡“Click”! seguido de una serie de acontecimientos: Jordi cayo hacia a tras, sus dedos se habían resbalado y con tan mala suerte que se dio un golpe en la cabeza dejándolo completamente noqueado. Un familiar ruido comenzó a escucharse tras los muros, como pequeños engranajes, cuyas ruedas hacían temblar los cimientos de aquel pasillo. En la puerta de entrada y desde el mismo dintel un muro de contención cayó como si fuera una especie de compuerta oculta y pasada desapercibida. ¡Estaban encerrados!. Por si fuera poco, el mecanismo oculto aun seguía activado, como las ruedas dentadas de los relojes pero de un tamaño colosal. ¡Y de repente! El silencio…
.- ¡No! ¡No! ¡No!… (se decia Sussi asustada)
Ella se quedo quieta, como cuando te encuentras solo en casa y en medio de la tormenta la luz se va, en los primeros segundos no haces nada, un instante en el que intentas comprender ese cambio tan inesperado. Sin embargo Sussi disponía de la iluminación de los focos de los gorros de minero, sola y con un silencio aterrador. Con la única compañía de la barra de luz que enfocaba a diversos puntos de su prisión, mirando algo que pudiera desactivar aquella especie de trampa, estudiaba los muros y las sutiles líneas de unión de las piedras intentando encontrar algún tipo de palanca. Aquellas gárgolas  en medio de aquella oscuridad se hacían mas siniestras que al principio. ¡Y en ese momento! Las bocas de aquellas cosas se abrieron como verdaderos autómatas adosados en la pared y de sus sauces  el agua comenzó a  emanar  a borbotones.
Sussi, preocupada, se quedó bloqueada. Respirando fuertemente, su corazón estaba apunto de salir de su pecho. No sabia que hacer. Jordi tumbado e inconsciente, flotando a la deriva en aquel reducido espacio. Ella, mientras que el nivel del agua le estaba llegando a las rodillas, no reaccionaba, callada, impresionada y aterrada, como si su cuerpo la hubiese abandonado por un instante. Tan solo, y gracias a la fría agua que cada vez subía de nivel, su miedo hizo que reaccionará y cogiese a Jordi para que no se ahogase. Después comenzó a llamar a Juan… de forma baja y sin voz, como si aquella situación la hubiera esclavizado y arrebatado su clamor. Sin embargo el miedo y la presión del agua en su pecho hizo que cada vez gritase con más fuerza.
.- ¡Juan! ¡Juan! ¡Juan! ¡Estamos aquí! ¡Ayuda Juan!
Pero nadie contestaba. Curiosamente, parecían oírse ruidos en el exterior como si unas personas estuvieran corriendo por la primera planta del claustro. A pesar del sonido del agua al caer, a Sussi le pareció escuchar la voz de Juan llamándola desde el otro lado. ¿Comenzaba a divagar y a tener ilusiones, o realmente Juan le había escuchado y la estaba llamando para seguir su voz y así encontrarla?
El nivel del agua subía y subía, mientras que los tonos rosados de los temblorosos labios de Sussi se tornaban de un color mas apagado… Sus piernas comenzaban agotarse, sus manos apelmazadas sujetando con fuerza a su compañero para que no se ahogase, estaban menguando su resistencia…
.- Ju…an..  ju..an ¡Ayu.. ayu… (decía Sussi luchando contra la fría agua que no le dejaba gritar con fuerza)

(4 horas antes)
Juan estaba sentado en su cama plegable.
Miraba hacia la tela de la tienda de campaña.
Era consciente de que algo no andaba bien. Percibía a Sussi desde aquella distancia, de cómo se había levantado y de cómo ella se le había quedado mirando. Pero el estaba quieto por que algo estaba ocurriendo en su presencia…algo que lo mantenía amordazado como si estuviera atado por una especie de cuerda invisible, bloqueado como si cientos de manos le estuvieran agarrando. Deseaba alertarla, de que todos estaban en grabe peligro, pero no podía moverse, ni hablar, ni si quiera pestañear con aquella cosa delante, ni si quiera aquella gota de sudor en su sien resbalando desapercibida era imposible que la viera Sussi desde aquella posición.
El era un espectador forzado en medio de un teatro con un solo asiento, un asistente que presenciaba la magia de lo oculto y que “la ciencia avanzada de nuestra época” es incapaz de comprender. Frente a sus ojos, toda las leyes de la física se tornaban inservibles, inútiles, y con un grado de incertidumbre cuya lógica no poseía ninguna explicación:  “las partículas del aire se unían en un solo centro, absorbidas en un punto en el espacio como si un pequeño agujero negro estuviera devorando la realidad, como si aquella presencia precisara nutrirse de la energía del lugar y de todas aquellas  moléculas disipadas en el aire, que con esmero  se iban uniendo al epicentro, como el centro de un tornado pero en vertical; simple al principio pero con cierta fuerza absorbente una vez formado.
En el mundo real, no ocurría nada de nada. Sussi veia desde su punto de vista, a su compañero quieto, taciturno y reservado. Pero ante la presencia de Juan, el poder de los dioses se manifestaba asombrosamente como algo paranormal, un  humo gris y con diversas luces flotando como planetas errantes en una nebulosa cósmica en el inmenso cosmos o como las humeantes y chispas de una fogata al prender la madera  astillada y seca, niebla grisácea y plena de magia de su mundo. Una emanación misteriosa surgía de las entrañas, poco a poco fue cobrando forma en una silueta que recordaba a un cuerpo esbelto y femenino, saliendo del portal del “más allá”, desafiante, gobernante a su paso, “la domina del misterio” se aproximo hasta llegar a un palmo de la nariz de Juan.

Aquella especie de artilugios humeantes, todavía reconstruían su cuerpo, pues en la cabeza su corona de estrellas y esferas luminosas como astros navegantes al centro de la supuesta diva del misterio. En lo que parecía ser su rostro, dos luces equidistantes entre si, mas brillantes que el resto, marcando su posición de manera contundente, irradiando una emanación invisible  disipando un espacio perimetral y formando un anillo en su contorno, como si aquello fuesen las posibles cuencas de una supuesta calavera. Rostro tétrico y tenebroso al principio lleno de astros y humos luminosos,  una figura vacía y oscura que parecía contener  al mismísimo universo en su piel y cuerpo. La diosa que venia  a visitarlo desde el ciberespacio se postraba a sus pies, agazapada y mirándole fijamente como si fuera un igual.

Una vez formada y presentada en el mundo de la realidad de Juan, prestó al tiempo que transcurriera por unos segundos, apreciando al humano que tenía ante su presencia. Las posibles gemas de sus dedos, se aproximaron a unos milímetros del cuerpo de Juan, como si con ello tuviera suficiente para percibir el tacto. Este a pesar de no ser tocado, podía sentir aquella curiosa y equidistante caricia en su pecho. Aquellos endemoniados ojos y luces del Averno se fijaron en una parte del pecho de Juan, con la palma de su mano femenina percibiendo algo que este disponía en su interior. Juan sentía como algo se movía en su interior. Le dolía, pero no mucho. La entidad del espacio, cuando movía la palma en círculos, Juan sentía como lo que tenía dentro obedecía las silenciosas órdenes de aquella mano, como si hubiese hierro en su interior y la palma de la mano un imán. Como si todo lo que le importaba aquel ser no fuera Juan sino lo que había en el interior de el. Una vez acabado el reconocimiento fantasmal, la sombra se aproximo hacia el, de tal forma, que las luces que navegaban en su piel reconstruían paso a paso unos labios carnosos, como si la energía de aquellas esferas diminutas reconociera “la estructura molecular y labial del ser humano”, copiándola de la mente de Juan y de sus recuerdos con Sussi. Finalmente le ofreció un beso.

 Juan percibía el dulce tacto de un beso real y el sabor que presta este cuando se recibe de una mujer. Reconocido y gusto parecido a los antiguos y olvidados besos de Sussi.
Profundo y apasionado, cuyos sentimientos aferrados al olvido se manifestaban sin ser forzados.
Juan  también percibía el ruido de la cafetera y el olor a café recién hecho de Sussi y de cómo ella se había sentado a desayunar. ¿En serio, no se daba cuenta de lo que le estaba pasando? En el mundo real, todo transcurría con total normalidad. En el de Juan, todo sucumbía y se desarmaba, disipándose a la nada y siendo absorbido por aquel extraño beso que aun persistía.
Juan mantenía sus ojos cerrados ante aquella diosa del placer, la que le había arrebatado todo impulso de desaprobación por aquellos actos, atrevidos, desconcertantes y agraciados al mismo tiempo.
 Juan percibía el olor de aquello que parecía de otro mundo a una fragancia cuyo elixir le recordaba a un momento de su vida, en donde todo era hermoso y lleno de felicidad. Su cuerpo se estremecía como cuando las caprichosas caricias, mimosas y atrevidas de Sussi despertaban ese apetito sexual… “cerraba los ojos de placer” a pesar de no saber ciertamente quien le cortejaba.

¿Quién era ella? La deseaba cada vez mas, sin importar nada más que satisfacer ese cuerpo tan encendido…
Juan percibía a Jordi de cómo lo miraba, como si le quisiera preguntar algo. Pero estaba atado por las ansias de su cuerpo que deseaba que no acabase nunca. Juan, en un momento, escucho algo… como si su compañero le hubiese preguntado algo… pero no importaba… aquella presencia femenina  le hacia sentirse pleno, eterno, imperecedero y  inmortal, vigoroso y poderoso, un dios en la tierra que formaba parte de la casa del universo.
La realidad o el mundo real estaba en la lejanía, disipándose por momentos con un silencio apaciguador como si todo lo que le rodeaba se deshiciera por momentos y todos los problemas juntos con el peso de los años se fueran tornando poco a poco en una sensación libre y placentera.
Los labios de la criatura se apartaron… y en lo profundo de aquella inmensa oscuridad  una música antigua con instrumentos de oriente comenzaron a llenar el silencio de sus oídos…  en aquel momento, los ojos de Juan se abrieron apareciendo en un lugar distinto….
 No se encontraba en aquella tienda de campaña. Pues ante el, telas rojas y túnicas púrpuras voloteaban cimbreantes a la brisa que cruzaba por aquellos  arcos ojivales. “La cámara de las mil y una noche” con la bóveda celeste gobernando “la sala de las maravillas”, fuentes brotando agua por doquier, y jóvenes hermosas casi desnudas bailando en especies de pequeños escenarios circulares, moviendo las prendas y las monedas plateadas cosidas en los fulares rojos y transparentes.
 Sueño que se repetía de nuevo pero con mayor intensidad que nunca. Bebidas en copas doradas, humaredas dulcemente aromáticas recordando algún tipo de incienso… a los laterales parejas de dos mujeres con un hombre, como si aquello fuera “el mismo templo del placer” donde los problemas quedan acallados entre caricias y susurros… donde todo queda callado tras el hecho y como un acto placentero. Los clientes, no importaban, habían tullidos, sanos, hombres y mujeres, para aquellas musas de bellos rostros no les importaba el aspecto de su consumidor, pues complacían a todo individuo cuya alma se viera perdida.
En “la sala de los Sussurros”, todos los presentes mostraban su mas sincera cooperación entre risas y vino, entre sonrisas agraciadas y opio. Aquellos costosos y caprichosos vestuarios recordaban a hombres ricos y personajes de poder. Huéspedes curiosos  “gobernantes” de tierras y hombres que disfrutaban del vino como verdaderos dioses en el olimpo y de toda una clase de pintorescos espectáculos, en diversos escenarios; individuales y colectivos.
Juan quiso probar el vino, su aroma abrutada le recordaba a una de esas botellas caras que vendían en las tiendas de la calle Aribau de Barcelona. Al depositar sus labios en la fría pared de la copa, sus ojos se fijaron en el peculiar tatuaje de su acompañante, un símbolo extraño; “una estrella de cuatro puntas tumbada”,las puntas del lado izquierdo mas largas y como si fuera “la cola de un pez”, las puntas mas cortas “su boca”. Todas ellas tenían uno tatuado en su cintura y en el cuello, el mismo dibujo de los estandartes colgados de aquellas ventanas de arco de medio punto.
Pero aquel vino reclamaba ser atendido y Juan se sentía con entusiasmo de probarlo. Aquel elixir de los dioses, penetraba en su garganta proporcionándole una cierta satisfacción y compromiso a repetir. La droga hacia su efecto, junto con aquella música que relajaba todos los músculos del cuerpo y la presencia de aquellas ninfas, musas hermosas tocadas por la misma diosa Afrodita, con caricias, besos y ese  baile poseían lo único noble que quedaba en el. Otra copa, tras otra..y otra mas ¿Por qué no?... mientras que en el fondo de la sala “La domina” del lugar contemplaba el gran escenario de sus huéspedes embriagados.
 En la plataforma más alta de todas y la mas grande de la cámara de los deseos, una entidad reinaba aquella especie de evento, sentada en su trono dorado y oculta en la penumbra para que su rostro quedase en el anonimato. Gobernante cuyo sequito de bestias con enormes dientes contemplaban el placer de sus invitados. Criaturas extraídas de las leyendas oscuras y recordadas en los templos de las catedrales de toda Europa, animales de genes cruzados. Ansiosas  por catar su comida lo mas pronto posible. Criaturas que obedecían a la primera a su dueña y a su “domina”.
Pero en aquel instante, mientras que los ojos de Juan permanecían abiertos, no podía quitar la mirada de aquel báculo con una extraña forma circular en el parte de arriba y de su larga longitud de unos dos metros, un cetro en forma de “P” dorado y coronado por una especie de gema azulada. ¿Qué era ese objeto?
La musa que lo acompañaba, coqueteaba con el caprichosamente y como una novia celosa, abrazada y enredada a Juan con interminables caricias suaves y besos por doquier.
La música era mas intensa con cada copa de aquel dulce brebaje , las bailarinas danzaban en  grupo cuya coreografía avivaban los ánimos hasta llegar casi al éxtasis, el incienso dibujaba un sinfín de pintorescas formas con la suave brisa que cimbreaba por todo el lugar…los problemas simplemente no existían…
¿Quién era el? ¿Qué había hecho antes de estar alli? ¿Cómo comenzó todo? ¿Era un sueño? Simplemente no era importante. La mente de Juan estaba confusa y perdida entre todas aquellas maravillas…

Aquella especie de sueño se transformaba mas intensamente en su punto con el devenir de los acontecimientos…y entonces…
¡La domina se levanto de su trono!
La música cesó. Las bailarinas pararon de bailar. Tan solo el incienso persistía en moverse desafiante al silencio establecido.
 Un sutil precio, ya que en el mundo, incluso, de los dioses, también se requiere  un pago  a su  altura.  La miel también precisa de su aprecio por parte de todos aquellos  presentes que disfrutaban del templo en el que el día no cesa…
De lo hermoso su sombra, de lo placentero su amargo sabor, y del cielo su infierno, pues tras aquel velo suave y sedoso de dulces besos y caricias se ocultaba una realidad tenebrosa…. “La domina”, se fue acercando al centro del templo de los susurros, dejando atrás su anonimato y prestando a la luz del día su brillante y escamosa piel perlada. Piernas esbeltas, las mas hermosas que se pudieran contemplar, cuerpo formado y hermoso tallado con mimo por la misma diosa Venus, tan perfecto como pudiera ser la viva imagen de Cleopatra o de “la reina del Nilo” Nefertiti. Mucho mas alta que las demás superando los dos metros cincuenta  y Caminando con una exquisita elegancia sorprendiendo a todos los invitados con su presencia. “La ninfa” mas hermosa de todos los tiempos, una estrella en la tierra y con una larga y fina cola que se movía  en el aire como su dueña. Todas sus sirvientes la miraban ansiosas, como si encendiera sus cuerpos con tan solo su presencia: Estaban esperando con expectación el momento.
Paso a paso… con delicadeza y acariciando a sus enormes criaturas de sorprendentes mandíbulas y afilados dientes, gárgolas o mezcla de tigre con gorila y sin pelo, demonios del mismo infierno extraídos del Averno y que parecían como inofensivos cachorros ante aquella colosal anfitriona.
En aquel instante, aquella hermosa criatura de piel perlada levanto su cetro en posición invocadora. Seguidamente ofreció un sutil y suave golpe al suelo de mármol, un ruido que izo vibrar todos los cimientos del lugar en el que se pudo escuchar como un silencioso eco por toda la cámara de los susurros. Todos los invitados, asombrados y callados se miraron entre ellos, cuestionándose aquella especie de incertidumbre.
Juan contemplaba, que tras el golpe la temperatura del lugar comenzó a subir y a subir. Todos los hombres sudaban como si el mismo sol estuviera a las puertas del templo. Las gotas de agua subían hacia arriba acumulándose sorprendentemente en la bóveda celeste.
Juan contemplaba como las gotas de su sudor no caían al suelo, sino que se elevaban hacia arriba. El silencio de aquellas musas y ninfas era terrorífico al igual que sus miradas, como la atención que tiene un felino ante su presa.
Juan sentía como se consumía, como toda su esencia corporal se desprendía de su cuerpo como si un “ataque de calor en pleno agosto se tratase. Se mareaba por momentos, por con el grato lujo de presenciar lo que aquel cetro era capaz de hacer en manos de aquella diosa.
El cuerpo humano se compone de 70% agua. Y aquella fuerza dejaba,  despiadadamente, los cuerpos secos de todos los invitados. Mucho mas que deshidratados.
Arriba de la gran cámara un lago enorme de agua salada, una techumbre acuosa y suspendida en el aire.
Juan nunca se había visto tan débil y delgado, hasta tal punto que pudo contemplarse en el reflejo de unos de los espejos de cómo  sus brazos y rostro se parecían a los huesos cubiertos de pellejo de un cadáver.
Las gotas de agua subían hacia arriba con toda normalidad como si la ley de la gravedad fuera una patraña. Cuando la ultima gota llego a ese mar suspendido en el techo, la Domina volvió a golpear con el centro a la inversa, y aquella inmensa masa de agua comenzó a caer gota a gota hacia abajo, como una lluvia suave y placentera en el que todas aquellas hermosas criaturas se nutrían del regalo de su Domina. Pisoteando los cuerpos de sus invitados, actuando como autenticas bestias para recoger el máximo elixir posible, enfrentándose entre ellas y aplastando aquellos hombres secos y cadavéricos aun con vida, dejando ver los verdaderos rostros de aquellas endemoniadas musas: serpientes que se encendían al beber la esencia de sus victimas.
En aquel instante, Juan fue empujado al suelo con brutalidad, ya no era necesario, pues más bien era un estorbo ante aquel holocausto. Se arrastraba en aquella pesadilla con dolores por todas partes, intentando salvarse de aquellas torpes bailarinas. ¡Deseaba que se acabase cuanto antes! Pero su movilidad y fuerza era la de un viejo de 90 años de edad... y entonces cerró sus ojos invocando suplidamente que todo aquello acabase.
De nuevo el silencio.
De nuevo aquel dolor en el pecho.
Y las agraciadas palabras gritando en la lejanía como cuando Sussi estaba en peligro.
Juan se alegraba de que todo aquello no fuera real. Pues se encontraba tirado en aquel y familiar empedrado suelo del claustro y Sussi llamándole desde la primera planta.
.- ¿!Sussi!?