miércoles, 25 de noviembre de 2015

HISTORIA I: La reina de la lluvia. Capitulo 22. "La 3º cámara"


La 3º cámara

Año 2005, Francia, Paris.
En una cafetería al lado del Sena.

.- No te muevas…. Deja que te mire las manos… va..
.- No… Sussi… No me gusta ¿por que quieres saber de ellas, no lo entiendo?
.- Vamos… es solo un juego. Te comportas como un niño.

Quien se podría resistir. Aquellos ojos que reflejaban el cielo azul, su nariz pequeña y respingona, y la atractiva y sexi duna de sus labios que reclamaban su atención de algún momento a otro. O que decir de ese aroma, fragancia que haría que todas las flores se postraran sumisas ante ella.  Juan contemplaba a Sussi como aquel que mira un logro imposible de conseguir. No podía creerlo, ¡el estaba delante de ella!. ¿Quién lo iba a decir?
Ya habían pasado esos días, en que el formaba parte de ese grupo de hombres al que una mujer rechaza con cierta frialdad. Pero como tantas veces ocurre, tras la tormenta espesa y gris, el claro del alba disipa la oscuridad que gobierna todo lo que parece ser oscuro eternamente, y la verdad se presta como una chispa de luz, como una pequeña e insignificante estrella en medio del abismo, que al aproximarse a esta, llena de gracia y resplandor, de bien y regocijo. Nada que ver con la primera impresión, equivocada y basada en actos del pasado, siendo a su vez un mal juicio a la verdadera persona que se tiene delante. La belleza suele estar oculta tras una apariencia de asco y desprecio como el capullo de un gusano de seda que tras un gran letargo se transforma en el mas vello de los insectos o como el espinoso vegetal de los desolados desiertos, “el Echinopsis Zucc”, cuyo cactus y cada 5 años presta su joya mas valiosa que solo dura un día,  unas de las mas bella de la tierra. Nada que ver con lo que se cree y se piensa. “La verdadera belleza esta en el interior” el verdadero tesoro, el autentico, suele estar oculto en la mas humilde de las moradas. Una sola atención, y la luminosa razón de la vida, se muestra delicada y sutil, llena de energía inagotable como la lágrima de rocío en la mañana. El hecho de que se pase de largo a tal presencia, no quiere decir que no exista. Lo mismo en las personas y el tesoro que cada una lleva en su interior, a pesar de portar una coraza de espinas, tras ella siempre hay esa maravilla  “flor hermosa” y completamente diferente a las demás.

¿Pues quien lo iba a decir? Que Sussi y su cerrado carácter  se iba a ofrecer así misma “esa pequeña oportunidad”. Y que un solo café, iba ha ser el comienzo de una relación fuerte y duradera. Y con ello y como la rueda de un molino encallada por las algas de los ríos, comenzase a moverse y su corazón a palpitar como lo haría una adolescente, “amor puro” tierno, loco y sin barreras,  limpio y abierto sin  aun haberse corrompido por las necias reglas de la lógica y las trampas de falsos amores que parecen verdaderos, tan latente y dispuesto a servir eternamente.
 Ella tenía su corazón en la palma de su mano. Realmente quería que le leer su rasposa mano, por el simple trato de sentir las sedosas gemas de sus dedos y percibir su presencia mas próxima. Una tontería y un juego como escusa.
Finalmente, ella se aproximo y el cielo para Juan cayo. El mundo no existía. Solo aquella aroma de mujer y el grato tacto de su cuerpo con el suyo.
 Sussi con una actitud de atrevimiento, le puso su muslo encima de la pierna de Juan. Ahora era suyo y de nadie mas. Ella acariciaba con su dedo, la palma de su mano caprichosamente, como si fuera una escusa. Los dos se miraron  uno en frente al otro. Sussi acariciaba su nariz con la de Juan y finalmente le beso.
La noche y el día no existían para la pareja de la habitación 234  del “ Hotel Rouge ” con vistas a la “Torre Eiffel” en la calle “Av. de Saxe”. El servicio del hotel, no les sorprendía, pues no era la única habitación que mantenía el “No moleste” en varios idiomas, colgado en la manilla de la puerta. Siempre esperaban a que los huéspedes llamasen para el servicio de habitaciones, aunque no lo hiciesen, dejaban una nota debajo de la puerta, para que pudieran contemplar “el menú groumett”que el hotel ofrecía a sus clientes.

Los días para Juan y Sussi pasaban como la manilla de los segundos de un reloj, rápidamente y sin que se percibiese.
Pero la semana de vacaciones para los dos, llegaba a su fin, y el penúltimo día decidieron salir de la habitación del hotel.
Era una buena noche. Todo estaba impregnado de esa magia parisina dedicada a los enamorados; luces y sus farolillos, música típica del lugar de fondo, unos de tantos músicos que tocaban canciones de los años 30. Los dos paseaban abrazados, como si aquella llama no cesara de arder. El amor se reflejaba en aquella pareja, que caminaba por unos de los barrios más antiguos de Paris.
Los dos soñadores, despertaron cuando un sujeto se les aproximo.
.- Tsss! Tu! ¿Tienes fuego? (dijo un sujeto con cierto tono en español)
Sussi tenía un mal presentimiento y se agarro al brazo de Juan. Aquel tipo no lo gustaba en absoluto.
.- No Juan… (Dijo Sussi en silencio)
.- Lo siento… yo…
En aquel momento, el extraño sujeto saco una navaja.
Juan, fijo su mirada en aquel metal que resplandecía en la oscuridad. Aquello le hizo parpadear, como despertándose de un sueño  y recibiendo con cierta frialdad y desapego el mundo real, en el que el juego de la vida se rije entre el mas fuerte y el mas rápido.
.- Vamos! No tengo toda la noche! A ver tu! Ese collar que llevas…
.- Deja a la señorita en paz!
.- Vaya! Tenemos un jodido héroe.! Que campeón, me vas hacer algo? jejeje… (se le dibujo una mueca en su cara) Salid! Aquí hay uno que quiere que juguemos un rato.
De la oscuridad de aquella calle, comenzaron a salir cuatro tipos. El grupo de asaltantes los empezaron a rodear mofándose de Juan y uno de ellos con la cara cortada cogiendo a Sussi por la espalda.
.- He! Pero que tenemos aquí!... creo que hoy nos vamos a divertir un rato!
.- ¡Agarradle!  Mientras nos encargamos de este.
.- Yo me pido el segundo turno jejejej…
Juan, observaba la situación. La estudiaba detenidamente, mientras que Sussi sufría el forcejeo con aquel asaltante.
Sabía lo que tenia que hacer. Pero como siempre y en todas las peleas, temía que su habilidad de lucha “cuerpo a cuerpo” resultase definitiva para aquellos aficionados.
Primero, uno se le aproximo, el más pequeño de todos y el que tenía más miedo. Juan esquivo el ataque y le devolvió el golpe tras una llave de defensa personal. El segundo, tras varios saltos con patadas altas y bajas, Juan las paraba y las esquivaba como le habían enseñado en el ejercito español. El tercero, al ver que sus compañeros estaban en el suelo retorciéndose de dolor, recurrió a la navaja. Este parecía más experimentado que el resto, el movimiento de su muñeca la forma de defenderse con aquel cuchillo de filo dentado,  ¿algún tipo de antiguo soldado? Quien sabe… La cuestión, es que Juan se deshizo del tercero también tras recibir varios cortes y algún que otro puñetazo. Ahora tan solo quedaban  los dos que estaban con Sussi.

Sussi se resistía como podía. La fuerza de aquel asaltante era extrema, muy fuerte. Le garraba de las muñecas, mientras que el otro le estaba abriendo las piernas y con su navaja a punto de rasgar la prenda íntima de Sussi.
Suerte o no, la cuestión, es que en aquel instante los faros de un coche alumbraron la calle. Alguien había llamado a la policía.
Los dos sujetos salieron corriendo como dos condenados.
Sussi, aturdida y con incertidumbre, vio como su Juan estaba arrodillado en el suelo.
Los focos del coche de policía, dibujaban dos sombras una más pequeña que la otra en el suelo.
.- Juan! ¿Estas bien?
Sussi se asusto cuando noto que sus  manos estaban pringadas de algo pegajoso. La poca luz impedía ver que era aquella mancha que tenia Juan en el costado. Pero su intuición femenina le hacia saber que aquella herida tenia muy mala pinta y que sus manos estaban manchadas de sangre. ¿Qué si no podía ser aquella sustancia pringosa sino sangre?
.- Juan me oyes? Juan!...
Sussi gritaba, mientras que Juan se acostaba en el lecho frío de aquel húmedo y empedrado suelo parisino.
.- Juan…no me dejes!
Juan escuchaba la voz de Sussi, de cómo se perdía en la lejanía. El quería contestarle, pero la herida en el costado, parecía haberle quitado la facultad de hablar. Quería decirle que no temiera por el, quería que ella supiese que siempre estaría con ella y que no estaba dispuesto a morir.
.- Siempre voy a protegerte… (Dijo Juan con una voz frágil y tosiendo)…cariño… todo ira bien...


(Actualidad, Hospital Santa Maria
En el interior del Mausoleo)

Juan se levantaba del suelo. Estaba mareado y todo le daba vueltas. Era como si todo su cuerpo estuviera despertando después de tres días seguidos de completo reposo, como aquella vez que le dispararon en la pierna y  afortunadamente, la bala rozo su gemelo derecho quemando gran parte del tejido muscular. Tumbado no sentía ninguna molestia, pero cuando se levantaba para hacer sus necesidades, todo aquel corriente sanguíneo bajaba a la herida y entonces sentía como cientos de agujas se clavaban en el gemelo. Un dolor espantoso.
Lo mismo que sintió en aquel extraño sueño cuando toda su agua corporal era absorbida por aquella magia. La misma sensación que cuando un amigo te coge el brazo con la dos manos y retuerce la piel, una mano girando al lado contrario. Lo que se siente, es como si estuvieses ardiendo. Lo mismo que en el sueño, pero en vez de un brazo, era todo el cuerpo: podía sentir, como “gota a gota” el agua corporal de Juan se elevaba hacia arriba, su piel acartonaba sintiendo al mismo tiempo aquel fuego, como si su alma se estuviera quemando en el mismo infierno. Su piel, al estar seca, podía percibir como se agrietaba formando multitud de pequeñas heridas por todas las extremidades, lo mismo que pasa en las manos y en los labios en pleno invierno por la falta de humedad en la piel. A Juan le venían aquellas imágenes y la sensación de un fuerte agotamiento que le impedía moverse con facilidad, arrastrándose en aquella sala y por el banco acolchado como una serpiente mientras aquellas criaturas miraban hacia arriba donde se encontraba ese manantial flotando en la cúpula. Le dolían los brazos, estaba completamente deshidratado y con vida, empujándose con los huesos pellejosos,  seco y marcando la estructura esquelética y pellejosa de su rostro cadavérico y su espalda. Y por si fuera poco, Juan no podía quitarse de la mente aquella escena dantesca, en que las musas de lenguas de doble filo, pisoteaban a sus huéspedes aplastándoles la cabeza y las extremidades tras caer la cortina de la ansiada lluvia. Ruidos espantosos que podía sentir, fuera del sueño, aquel crujir de huesos como aquel camina por el campo y pisa un caracol en el camino… y cientos de horrores que pasaban por su cabeza, como si todo aquello hubiese pasado de verdad.
Juan se tocaba el brazo, mientras que cerraba los ojos con fuerza, para disipar aquellas imágenes  tan difíciles de digerir.
¿Qué era aquel lugar? ¿Qué sentido tenia haber soñado con algo así? ¿Por qué últimamente tenia esas extrañas visiones?
Sueño o no, Juan estaba arrodillado y sentía cierto alivio de encontrarse en medio de aquel claustro o patio medieval. Necesitaba un “piti” en ese mismo momento. Así que se palpo los bolsillos del pantalón hasta encontrar ese  pitillo que tenia a medias. Pero antes de encenderlo…
Frente a el, una especie de riachuelo que transcurría por el pavimento, silenciosamente y a su tiempo. Un derrame, como si en el piso de arriba se hubiesen dejado los grifos abiertos, aquella masa acuática había logrado bajar los empedrados escalones del claustro, devorando poco a poco y a su paso hasta llegar frente a Juan.
¿De donde salía toda aquella agua?
A el, le parecía escuchar los gritos femeninos de una mujer. Juan intentaba despertarse del todo. Pero cuando escucho “!Ayuda Juan!” en la lejanía, sus pupilas se abrieron al máximo. ¡Sussi estaba en peligro!

Como un chico de 10 años, comenzó a saltar los escalones de dos en dos, sorteando aquella agua que parecía no tener fin. Le recordaba a la pesadilla que había despertado hace unos segundos. Pero Sussi le necesitaba y fue siguiendo el rastro de aquella derrama hasta llegar a un muro de contención donde parecía ser el causante de todo.
Las piedras eran viejas y llenas de moho. Era como si aquellas rocas y su argamasa hubieran perdido toda consistencia a causa del devenir de los años. Parecía una de esas cascadas decorativas de los típicos restaurantes asiáticos que ponen en la entrada, pero en grandes dimensiones.
Juan no dudo ni un segundo y cogió un minora que se encontraba a dos metros de distancia. Los golpes resonaban por todo el complejo arquitectónico.
¡Y en aquel instante!
Una bocanada de agua fría y salada derribo el resto de la pared, empujando a Juan hasta el balaustre del primer piso. La furia y fuerza de aquella corriente, expulsó a Sussi aun viva. Y antes de caer al piso de abajo, Juan la agarró con fuerza.
El cuerpo de Jordi aun flotaba. Permanecía en el mismo lugar a pesar de que el agua saliese por la nueva obertura. Acompañando el nivel menguante del agua salada, hasta llegar y tocar el suelo. Una baldosa mas levantada que las demás hizo que el peso del cuerpo de Jordi la empujase hacia abajo. Una acceso se abrió al lado del cuadro, como una puerta oculta y aquella losa fuera su mecanismo de obertura, al igual de las rendijas que aparecieron en la parte perimetral de la trampa como bocas de drenaje para evacuar toda el agua.

Sussi estaba fría y agotada. Casi muerta y suspendida en el aire. Juan la sujetaba con fuerza. Respiraba con dificultad pero estaba a salvo.
Juan la ayudó a subir. Este, se percató de la ausencia de Jordi.
.- ¿Y Jordi?
Sussi le miro: Su mirada lo dijo todo.
La tienda de campaña, donde se encontraba el campamento base. Todo estaba mojado. Se mantenía en pie, pero estaba mojado: las cajas de cartón con las provisiones, las sillas con la mesa que yacían tumbadas en el suelo y todo el resto del ajuar estaban completamente empapados. Sussi, miro hacia la obertura de aquel ruinoso muro. El cuerpo de Jordi estaba tumbado.

Juan corrió a socorrer a Jordi, pero no encontraba su pulso.
El proceso que se recurre para salvar la vida de una persona recién ahogada, fue inútil. Era demasiado tarde.
Juan y Sussi estaban empapados, mirándose mutuamente y extrañados ¿Jordi estaba muerto?. Juan no se lo podía creer. Y volvió a intentarlo de nuevo
.- ¡“uno”!, ¡“dos”!, ¡“tres”! (decía mientras presionaba el pecho de su amigo)
Pero Jordi, no respondía.
Mientras que Juan practicaba los primeros auxilios con el cuerpo de su amigo, Sussi contemplo aquella obertura que antes no estaba. Una sensación de rabia le recorrió por sus venas al contemplar que aquella sala tenia un mecanismo de drenaje. Se sentía estúpida y culpable por la reciente muerte de su amigo y compañero. No podía creerlo… Todo había pasado tan rápido…

Las últimas gotas sonaban tan fuertes que imperaban en el silencioso habitáculo. Habían pasado más de 30 minutos. Los dos estaban sentados. No habían palabras. Tan solo reinaba un silencio extraño, como si no pudieran digerir que su compañero hubiera perdido la vida. Como si todo aquello fuera el artífice de un mal sueño, o una especie de broma de mal gusto. Sin lamentos ni lloros. Quietos y sumisos en sus propios pensamientos: El sentimiento de culpa por ambas partes, mezclándose con las ultimas palabras de su amigo, les hacia zafarse de su verdadera razón, del por que estaban allí y lo que aquella misión suponía desde el primer momento.
Juan se levantó, tambaleándose y apoyándose en la pared. Se sentía culpable, de todo lo que había pasado últimamente con el. Pero ya no había vuelta atrás. El pecho le dolía como los dos días anteriores, pero era más fuerte lo de  Jordi que aquella vieja herida.
Así que, intento levantarse y ponerse en pie: seguir con la misión.
Sussi percibió como Juan se acercaba a una especie de obertura tras el cuadro. Sin decir nada, le siguió a Juan.
Como si aceptase el hecho de lo que había pasado.
Debían de llegar al final del asunto si querían salir de allí.

LA SALA 3º
Como en las otras cámaras, mismo diseño arquitectónico y la misma planta: un acceso y 3 paredes. En el centro una estatua, la posible representación de algún dios o diosa.
Las flamas se encendieron tras atravesar el dintel.
La iluminación de aquella estancia, pareció más agradable que el resto de las cámaras. Les calentaba. Como si se encontrasen debajo de algún tipo de aguas termales, ya que la presencia del vapor era bastante denso. Era gratificante para Juan y Sussi, ya que se encontraban bastante empapados y aquella calor hacia que sus cuerpos tensos por el frío, se relajasen por unos momentos.

Una diosa les deba la bienvenida. Una efigie de piedra que reflejaba el danzante coro de las llamas. Una estatua femenina con un tocado cuya corona portaba una pluma de ave. Vestuario egipcio, bastante similar a las estatuas de los templos de Karnak en el antiguo Tebas: Una pierna hacia delante y con las manos ofreciendo una bandeja.
Sussi, la identifico enseguida…
.- “Matt”. La diosa de la justicia. La diosa del “orden cósmico” de todas las cosas, de las verdades del alma. En el periodo de las primeras dinastías, se creía que era “el juez” de todas las almas en el mundo de los hombres.

Sussi tocaba aquella maravilla esculpida en una roca blanca como la nieve. No era mármol. Sino que se trataba de algún tipo de mineral en concreto…
.- Parece mármol (dijo Juan) a veces me pregunto ¿Cómo pudieron hacer todos esos trabajos con tan solo “Martillo y cincel”… debieron tener algún tipo de ayuda…
.- ¿Cómo que?  ¿Extraterrestres?
.- ¿Por que no? Existen muchas teorías de que la gran pirámide fue construid por una tecnología superior a la nuestra, si se utilizase toda nuestra maquinas para hacer una, seriamos incapaces de realizar otra pirámide como esa…
Sussi se reía…
.- No tiene que ser así…. La civilización egipcia es una civilización muy avanzada. Conocían y sabían mezclar minerales para crear colores. Una sociedad que dominaba la cerámica a un alto nivel, es decir que también conocían distintos tipos de metales.
.- A que te refieres?
.- En el mundo de los esmaltes y la cerámica, se utilizan diversos minerales. En el valle de los reyes, se han encontrado vasijas cuyos esmaltes han perdurado hasta nuestros días. Esmaltes que se mezclaban con cobre y hierro, incluso mercurio. Créeme Juan si te digo que si ellos conocían ese tipo de esmaltes, sus rocas no eran talladas solamente con un cincel de cobre o de piedra. Es mas estoy segura de que utilizaban algún tipo de metal que solo ellos conocían y que con el tiempo se fue perdiendo la forma de forjar esos utensilios par corta la piedra como si fuera mantequilla.
.- ¿Insinúas que lo de los extraterrestres es falso?
.- ¡Por supuesto que si!. Pon a un humano en una isla desierta y este optaría por dos caminos: uno dejarse llevar por su destino hasta morir de hambre, o… intentar sobrevivir con lo que tiene a su alrededor.
.- No comprendo.
.- Cuando se habla de Egipto, siempre se dice “IV dinastía” “VII dinastía”… pero entre ellas pasan muchos años… Juan.. hay muchas cosas que no sabemos aun. Tan solo los arqueólogos han rasgado la superficie de la verdadera historia de la humanidad. Por no hablar de las bibliotecas que se quemaron en la antigüedad por culpa de las guerras y los incendios casuales.
.- Lo que tu digas. Pero para mi, que los de arriba les echaron un cable…De todas formas “Matt” ¿es buena o mala?
.- Ni una cosa ni la otra. Supongo que te sonara “el libro de los muertos” y el pasaje de la balanza, es decir “el juicio del corazón”.
.- Si algo se… “ el difunto ponía el corazón en la balanza y  una diosa ponía…ah ya! La diosa Matt… Pero… No tiene una balanza, yo veo como una bandeja…
.- Si… es extraño… Por eso deduje que debía de ser una representación muy antigua.
Juan empezó a contemplar la efigie, hasta llegar a ver que tras la cabeza había una cara bastante terrorífica. Como si aquella diosa tuviese dos caras: Una hermosa y la otra monstruosa.
.- Sussi?... y esto?
.- Que extraño…? “Dos rostros”…
Juan dejo a Sussi con sus pensamientos. Intentaba encontrar la 3º vasija y salir de allí cuanto antes. Pero la curiosidad le llevo al friso que había esculpido en la roca. Un tipo de viñeta o historia, en la que parecía revelar algún tipo de ritual dedicado a aquella estatua.
.- Sussi, ven a ver esto.



Al muro de la derecha, unas inscripciones en Persa.

.- “desde la posición donde se contempla el abismo y el eterno reino celestial: El poder supremo de todas las cosas” ¿Qué extraño?...
Sussi se saco su mobil. A pesar de estar mojado aun funcionaba. El flash del Iphone ilumino toda la cámara. Una vez realizadas 8 fotos, se puso a mirarlas para ver si podía apreciar los detalles más pequeños con la ampliación de la cámara del mobil.
Juan que tenia la vasija en las manos, no comprendía…
.- ¿No vas a mirar lo que representan estos relieves?
.- ¿Juan?... tenemos que sacar a Jordi de allí y arreglar el campamento. Estoy muy cansada y tan solo quiero bajar a bajo y tomarme un café…
Juan se la quedaba mirando sorprendido. No sabia que decir.
.- ¿Qué?...¿Vamos?.