domingo, 10 de abril de 2016

HISTORIA I: La reina de la lluvia. Capitulo 26. "Inmortalidad: Gloria y Maldición"



“Inmortalidad: Gloria y maldición”

(Actualidad, Hospital Santa María, en el interior del mausoleo)

No habían palabras.
Aquel silencio lo decía todo.
Juan y Sussi, sentados. Uno al frente del otro. Solo les unía el familia ritual del café bien caliente.

Juan sonreía, una pequeña mueca reflejando un pensamiento, un recuerdo del pasado en el que “el” y “Jordi” estuvieron en una misión. Aproximadamente en el año 2001. Un coleccionista de monedas antiguas, quería que investigaran el significado de una moneda de su colección privada. El inglés, les pago por adelantado, suponiendo que iba a ser imposible y para convencerlos a los dos para que buscasen “el por que, aquella moneda romana datada del año 69 d.c. no tenía el rostro del emperador grabado y en vez de eso había un circulo con el símbolo “Fi” en el centro.” Juan se reía, aquella misión estaba condenada a ser un fiasco, una autentica derrota. Sin embargo valió la pena recorrer todo Londres. Los dos se lo pasaron genial a pesar de ser perseguidos por unos tipos muy extraños. Nadie sabía nada. Tan solo pudieron descubrir una serie de cosas bastantes interesantes: las pruebas del carbono 14 la dataron de una antigüedad de hace mas de 10 mil años, que el símbolo “Fi” “la medida aurea” se utilizó en la construcción de “la gran pirámide de Giza” y lo mas sorprendente de todo, que el circulo grabado tenia una inscripción en su ranura en un idioma muy antiguo. El cliente pago. Y los dos disfrutaron de una cena en un restaurante en el puerto de Barcelona.

Sussi, contemplaba su reflejo en el café. Aún se mantenía caliente. Aquel vaho, le reconfortaba, como su aroma. Recordaba las cosas que habían pasado los tres. ¡Que aventuras! “El” con su actitud graciosa y optimista. Un buen amigo. Sincero, leal y atento. Le gustaba mucho su trabajo y estar con ellos dos. A “el” le debía aquella pequeña relación intensa  con Juan y el viaje a Paris. Nunca se olvidará de cuando Jordi se le acerco a ella enfadado y furioso “¡¿Qué os pasa a los dos?!, ¡El siente algo por ti! ¡Y tu también!... vuestras miradas lo dicen todo, ¿es que no te das cuenta?. (decía la voz que venia del pasado para resonar en la cabeza de Sussi en ese preciso instante…)
Sussi miró a Juan. En aquel momento algo toco su corazón y antes de que le cayera una lagrima y se resbalará por su mejilla intento desconectar para no pensar en ello.
 Sussi se daba cuenta de que Juan estaba pensando en su amigo y eso le entristecía aun más. Le gustaba que se lo tomara así, pero le dolía profundamente.

No podía bajar la guardia. Mientras Juan se fumaba un cigarro fuera de la tienda empapada de agua, “ella”, tumbada en su cama seca, pensaba en el enigma que les cernía desde el principio.
El agua transcurría por el suelo o tapete de falso parquet de la tienda, a unos milímetros por aquel alistonado de plástico, mientras que pensaba en los “specchi”:  el primero “dos mujeres y un hombre”; el segundo “el retrato de un personaje de la familia Montfacony”; y el tercero: “una sirena en una montaña”… También pensaba en los contenidos de las salas: en la primera: “un mapa de lo que parecía ser un mundo subterráneo encontrado en la época del emperador Nerón gracias a “los Garamantes de Germa”; en la segunda “Una enorme estatua de un “toro”, con alargados y torneados cuernos, en el medio un cáliz” y tras esta otro mapa mostrando unas rutas subterráneas, como si la tierra estuviese conectada bajo tierra con cientos de miles de grutas; y la tercera cámara; “la diosa Matt” la dualidad personificada en una efigie con una bandeja en sus manos… ¿Pero… que sentido tenia todo esto?
Sussi pensaba en ello. ¿Qué similitud había en aquellas últimas salas? Y lo mas importante ¿Por qué las mussas de Nerón? Separadas. Como si alguien quisiera que nunca jamás estuvieran juntas por algún motivo, como si se tratase de un cerrojo y una llave, como si el mausoleo fuera una caja bien cerrada y las vasijas fueran los dientes de una llave.
Aquella trampa de agua, había alertado a Sussi. “Quien había construido esto era para encerrar algo muy importante” .- Pero…¿el que?-.
Sussi no creía que se trataba de un lugar para esconder una joya valorada en cientos de miles de euros. Era muy fácil pensar eso. Tanto, que era sospechoso. Su intuición femenina le alertaba de que tras ese portón de piedra, se ocultaba una verdad incomoda y muy tenebrosa. .- ¡Si! “El ojo esta ahí! Estoy segura de ello. Tal vez algún tipo de mecanismo al encajar cada “mussa” en su lugar, hará que se abra alguna puerta oculta que no se puede ver… (Se decía en voz alta, tumbada, con el suelo encharcado todavía de aquella agua salada y contemplando el techo blanco de tela semitransparente.)
Desde su posición, podía ver la rugosidad del techo de la caverna y  aquella gran obertura que dejaba apreciar el exterior, cielo estrellado de la noche difuminado por un tejido blanquecino y mojado. El silencio, le hacia parpadear, como si el poder del sueño reclamase su presencia en el mundo de lo onírico. Los segundos pasaban, el sonido de las gotas al caer en el suelo forzaban al tiempo a ir cada vez mas lento, pesado y agotador, música del vacío y  tremendamente hipnotizador.
Tras una breve pausa… ¡Sussi abrió los ojos!
.- ¡No son personas!
Juan se acerco, tras escuchar la voz de Sussi.
.- ¡No son personas!, en el primer cuadro…¿Cómo no me he dado cuenta antes?... (seguía diciendo Sussi mientras se incorporaba de nuevo al mundo real.)
Juan contemplaba a su compañera, sentada en su cama.
.- He estado pensando “¿Qué relación tienen las tres salas y el resto de las camaras”? (Un escalofrio recorria por todo su cuerpo. El vello se le ponia de punta) ¡Todas ellas hablan de lo mismo!
.- ¿De que? Sussi???
.- De “La dualidad”.
.- ¿“La dualidad”?
.- ¡Si!. La diosa Matt es una representación de lo “dual”: el bien y el mal. “El Toro” es una representación de la fuerza varonil pero sus cuernos hacen referencia a la matriz femenina….¿lo entiendes Juan?
.- Si pero… ¿Por qué dices que no son personas? ¿a que te refieres?
.- El primer cuadro…. Es como en   “la odisea de Homero”,cuando habla de la inmortalidad de los héroes que se dirigen a la guerra contra los Troyanos,  “La Gloria” y “la Maldición” representan las dos condiciones de la inmortalidad. ¿Lo entiendes? Las mujeres en el cuadro, no son personajes sino arquetipos. Una es mas joven ¿Qué sino puede ser “la Gloria”? y la otra es mas vieja ¿A caso no es una maldición nuestra condición mortal?
.- Si pero… ¿y el hombre que aparece?
.- Es neutral, representa solamente al individuo.
.- ¿Pero no entiendo por que es tan importante Sussi?
Sussi no sabía contestar.  Sabia que tenía algo, una clave que coincidía con los “specchi” y las salas, como si el que construyó todo el complejo arquitectónico hubiese dejado una serie de pruebas a superar o alertar al intruso.
Pero allí, sentada entre el suelo encharcado y la techumbre mojada, le vino la inspiración…..- “una sirena”….- (decía en voz baja para si misma, mientras contemplaba el suelo y después el techo mojado.)
Y entonces, cogió su móvil como si fuera una posesa.
.- “Desde la posición donde se contempla el abismo y el eterno reino celestial: el poder supremo de todas las cosas”
¿Juan? Se refiere a la línea de flotación.

Juan no la entendía. Solo veía como su compañera se había vuelto completamente loca.
Ella salia de la tienda, mirando hacia arriba, como queriendo encontrar algo en concreto. Obervaba el friso perimetral, donde se relataba una historia en forma de viñetas labradas perfectamente en la roca.
Sussi estaba en el centro de aquel patio encharcado de agua salada. .- ¿Lo entiendes?. Debajo de mi “El agua” donde puedo contemplar “el abismo” si el nivel fuera mas profundo. Pero, al mismo tiempo, puedo contemplar “el reino celestial” es decir; “el cielo”.

Juan contemplaba afirmando lo que Sussi estaba diciendo.
.-  Se que quieres decir, es como “la Gorgona” ella era la mujer mas hermosa de los mortales hasta que Afrodita la transformo en un monstruo.
.-¡Si!, exacto.
.- Pero no entiendo que conseguimos saber con esto. Quiero decir, ¿Por qué es tan importante para ti el significado de todo esto, cuando lo que importa son solamente y exclusivamente “las vasijas”?
.- Por que  quien construyo todo esto, lo hizo a propósito. Todo lo que nos rodea, nos esta hablando de algo en concreto.
.- ¡Claro!, ¡del “ojo azul”!.
.- No. De quien esta aquí enterrado y sepultado.
.- Hombre, es un mausoleo. Además si encontramos su lapida o tumba, encontraremos la joya.
.- No exactamente Juan. No creo que sea tan fácil. Desde la última cámara, pienso que quien hizo esto, lo hizo para que nadie se acercase tanto como lo hemos hecho nosotros. La trampa y la muerte de Jordi, me ha hecho cambiar de opinión. Y mucho me temo que las siguientes salas no van a ser nada fáciles.
.- Los “specchi” también “son duales”; una sola pintura con un misterio oculto. ¿Pero sigo sin entender lo de la línea de flotación?
.- ¿A si? Dime, contéstame a esta pregunta. ¿A dónde iban los difuntos si no pasaban por la cámara de la diosa Matt?
.- A ningún lugar. ¿No?
.- Si con esa respuesta te refieres a estar encerrados para toda la eternidad. Entonces te doy un 8.
.- ¿Te refieres a que hay algo aquí encerrado?
.- Si. Algo encerrado y vivo.
Los dos empezaron a mirar a su alrededor. Aquel lugar parecía ahora estar distinto, como mas tenebroso que al principio. El silencio, más aterrador, junto con aquella brisa que transcurría por encima de ellos, silbante y misteriosa. Las figuras labradas en la roca, parecían estar vivas, calladas y quietas, pero ¡jodidamente vivas!, como si estuvieran observándoles durante todo este tiempo. Estáticas, silenciosas y sospechosamente dudosas.
Como si dos pequeñas liebres hubiesen entrado en la guarida del lobo. Tras los sonoros movimientos del vacío en la inmensidad de la penumbra, cientos de miedos comenzaban a tomar forma en las mentes de ello dos. ¿Qué hacían allí? ¿Qué les había hecho desconfiar tanto en que iban a salir ilesos de allí?  ¿Dónde estaba el valor y el optimismo ahora?. Les venía grande la misión. Jamás debían de haber aceptado. Pero era demasiado tarde para arrepentirse. Los dos solos y con un cadáver en la espalda, no uno cualquiera sino el de su mejor amigo Jordi.
Sussi se acercaba más a Juan. De repente tenía frío. Este alumbraba a las sombras perpetuas del pasado esculpidas en la piedra. El silencio se hacia cada vez mas tenebroso. La incertidumbre, el cansancio y el estrés de no saber que hacer exactamente, les estaba haciendo sudar.  Esos dibujos, toda aquella información callada y silenciosa, hablando al seguir el recorrido con la mirada junto con la orla de la luz de la linterna de cosas que costaban comprender. Los frisos hablaban del poder de un objeto azulado capaz de sortear los limites del espacio y el tiempo, un espejo o una puerta hacia otro lugar gracias a la joya misteriosa de los Montfacony. ¿Exactamente que era aquel lugar?
Lo mas sorprendente fue, cuando Juan ilumino al cielo: unas gotas de agua suspendidas en el aire, quietas e inmóviles  como diamantes colgados en lo que parecía ser una especie de cable fino y transparente. Cientos de hilos salían del friso perimetral, todos ellos a un único punto: el centro del patio, como una tela de araña desapercibida al ojo humano.
.- ¿Qué es eso? (Dijo Sussi asustada temiéndose lo peor.)
.- Parecen…¿cables?.
Juan, con la linterna seguía la dirección de aquellos cables o cuerdas, como si aquel edificio fuera un títere y todos sus engranajes funcionase con los hilos metálicos en horizontal.- Parece como si todo esto fuera…
.- ¿Una tela de araña?
Juan miró a Sussi..- Si…, Que curioso…¿verdad? Todos cruzan el centro…. Como si estuvieran sujetando algo. No lo entiendo ¿Por qué unos cables tan tensos?
En aquel instante, el familiar ruido mecánico de enormes engranajes moviéndose. Las paredes parecían moverse por el interior de otros muros mucho mas grandes, como compuertas ocultas, o como si aquel lugar fuera cambiando sin percibirse “¿el que?”. Que extraño…
Juan comenzó a sentirse mal otra vez.
¡Aquel dolor en el pecho le venia con mas fuerza que nunca!
Juan,  se fue doblegando hasta caer al suelo. Se retorcía de  de dolor en el pecho, como si aquello tuviera que ver con el síntoma, como si “la maquina” y su corazón fueran uno solo.
Sussi no sabía como reaccionar. No podía pensar quedarse completamente sola en aquel siniestro lugar.
.

                              *     *     *


(Florencia, 1433)

La noche y sus sombras.
 Siluetas recortadas delimitando el cielo  estrellado y el mundo vegetal, arboledas sin color o de verdes oscuros. En las afueras de la ciudad, los bosques habían perdido el favor de la luz y sus tonalidades de vida. Ahora la tierra de los animales, pertenecían a las criaturas de la noche.
 En aquel mundo invadido por la fría brisa del crepúsculo, tan solo las piedras y las rocas conservaban su inerte tonalidad, como el camino de piedra construido allá en las épocas del imperio romano.
En la profundidad y tras el telón de la espesa niebla, un carruaje. Desafiante al viento y devorando el manto de la bruma. Caballos negros bien alimentados, veloces y con una potencia de movimiento que las pequeñas ramas de los árboles cercanos al camino se doblegaban por la inercia y velocidad del vehiculo.  Seis animales cuadrúpedos con ojos negros como su tersa y dura piel, convirtiendo a unos maderos con cuatros ruedas en la maquina mas potente que el mundo medieval hubiese presenciado jamás. Un tiro ecuestre en “sexteta”:  atalaje formado por cuatro sementales detrás y dos yeguas delante. Un cochero cubierto con una túnica negra como su acompañante. Una cámara lo suficientemente grande para albergar un espacio cómodo y aristocrático.

En su interior, los destellos y el resplandor de las joyas, un valed de reflejos irisados, danzantes y acompasados por el “va y ven” del carruaje, como luciérnagas en la noche adheridas a los maderos del robusto vehiculo, proyectadas por las temblorosas flamas de las lámparas, tocaban las mejillas sonrosadas de 3 doncellas no superior a los 14 o 15 años de edad.   Asientos acolchados sustentando las posaderas de aquellas jovencitas con indumentaria fuera de lo común;   vestuario “ a la moda Veneciana” dejando atrás las túnicas de las épocas oscuras y los complejos tocados cubriendo todo el cabello por  peinetas plateadas, trenzas enroscadas, y moños con tirabuzones. Escote en “V”, largos hasta la cintura dejando ver una camisa o blusa de lino blanco de cuello corto atrevido con cosidos o  filigranas perladas en el contorno. Vestido de color ocre, la del cabello negro, la de los ojos verdes y mas baja de las tres; verde la del cabello pelirrojo y de ojos azules; Azul ultramar, “Stele”, la mas jovencita de las tres y la de los ojos marrones. Cada  vestido marcando su  figura  y ajustado  desde los hombros acolchados hasta los codos, con  manga exageradamente ancha y rematadas con un damasquinado, hilo dorado imitando a las protagonistas de la primavera, vegetales y hojas entrelazadas, rubís, esmeraldas y zafiros como las flores y sus pétalos. Una prenda de prestigio, como una capa corta forrada con piel de armiño y el calzado  de piel blanca con una pedrería que contenía el arco iris en su interior ante la presencia de la sinuosa y tenue luz ambiental.
Delante de ellas, como si fuera una institutriz, seria, reservada y discreta, conservando su piel suave y tersa como si fuera una autentica adolescente. Atuendos de color oscuro, cuyos cosidos en hilo negro perlado y pedrería hematites, como si fuera la viva imagen  personificada del cielo estrellado. Cara blanca como la nieve, labios rojos como si toda la sangre de su cuerpo se concentrase en aquella boca sensual y menuda.
Sus dos manos estaban cruzadas, puestas una encima de la otra. Finas, y delgadas, como la de una colegiala, nada que ver con su verdadera edad. En ellas se podía percibir a una mujer de categoría, de familia importante.  En uno de sus dedos, una alianza. Un buen trabajo de orfebrería, una plata exquisitamente  labrada, motivos vegetales enroscados en lo que parecía ser figuras de hadas de los ríos, tallos como la trepadora madreselva cruzándose con colas de pez de las doncellas errantes de los manantiales, por todo el aro y en el centro el escudo de armas de la familia “Daughpure”: Una sirena sentada en una montaña.

Elsebet Daughpure Batori, la diva de la última moda en Venecia, Italia y del resto de Europa. Una mujer, caprichosa en sus modos y mecenas de la indumentaria de la época. Un contraste completamente alarmante y desapercibido en los libros de historia.

Los diseños  del vestuario femenino de los años 30 y 40 de nuestra época, fueron inspirados en esta diosa del gusto refinado y aristocrático de esta diva de la elegancia.

Elsebet, anfitriona de multitudes de festejos en palacios por toda la Toscana y gran parte de Italia del siglo XV,  eventos donde captaba a los personajes políticos mas influyentes en una sociedad convulsa y llena de conspiraciones, se mezclaba con la sangre noble y capitanes de alto rango para influir en las decisiones, no solo políticas, sino sociales y bélicas. “La eternamente bella” era como la flor mas hermosa del jardín de Afrodita: Hermosa, seductora y con espinas.
Ojos verdes transparentes como el jade, como la vegetación de un manantial de aguas embrujadas o como la vegetación húmeda de la mañana, verdes claros y serenos, cautivadores, que petrificaba al mas valeroso de los hombres para acabar comiendo de su fina palma de su mano, cabellos rabiosos y revoltosos incapaces de ser controlados al igual que su corazón despiadado imposible de ser conquistado. De mandíbula poderosa, complaciente para ambos sexos. “Los elegidos” minuciosamente eran invitados en secreto a su palacio residencial mas allá de las fronteras del país donde se presenciaba el mundo, a las afueras de Italia y concretamente, en Rumania, en la sierra montañosa de “los Carpatos”. Sutil como una víbora, se deleitaba de su principal placer desmesurado. En su palacio de Budapest o casa milenaria labrada en la roca de mil y una estancia, disponía de su propia colección de juguetes sádicos. Una especie de “autómatas”, monstruos que solamente se movían por la esencia de la vida. Al igual que un depredador se excita al percibir el aroma del miedo en la sangre de su presa, como a un felino que le crecen los dientes al sentir que la vida de su presa fluye por su boca. El ser humano, desprende por los poros de la piel una sustancia, es un sudor que proviene del miedo y el terror cuando estos saben que la muerte esta cerca.  Aquellos engendros de porcelana con rostro asiático se movían con el sufrimiento y terror de sus victimas, estos hambrientos silenciosos y aparentemente sin vida, se estimulaban al percibir “la sudor” del invitado al entrar a la habitación.  Mera decoración de un estilo muy simple y frío. Obras exquisitas impregnadas cada una de un misterio propio y personal, como su movimiento y función, el de saciar su apetito y complacer a su “domina” tras el espejo negro. El sujeto entraba y tan solo contemplaba un escenario familiar; “un lecho” “una arca”, algún tipo de “diván o banqueta” … todo normal, sin ningún tipo de aviso o de alerta de peligro. En un rincón, como imperante y regente del lugar, una especie de artefacto con forma de animal extraído de la mitología arcaica, fuera de lo conocido, in describible y del  antiguo libro de las sombras. El invitado, era señalado con un punzón ante de entrar: Un beso mientras ella le marcaba la piel  con una uña de metal donde le jaculaba el veneno, una droga utilizada en los tiempos de la antigua Roma, el “Ilusinium” se mezclaba con la sangre e iba directo al celebro, concretamente al  lado derecho. El resultado era una visión, por parte de la victima, recargada y exagerada de la realidad.
 El “beso” una distracción.
“La herida” el acceso del narcótico, la función de activar la trampa mortal que estaba apunto de presenciar el noble invitado.
Tras un  espejo, Elsebet contemplaba la maravilla de la creación de dios, despedazada cruelmente. Los lamentos del invitado o invitada, encendían las emociones de la anfitriona de lengua de doble filo. Le excitaba como su juguete se deleitaba con su victima.
Su secreto, siempre  estaba salvo.
Mientras que las desapariciones alertaban a las autoridades, ella se exhibía en fiestas y eventos importantes, sus vestidos y vestuario atrevido, conmovía a las damas de la corte italiana. Un referente de la moda, que se expandía por doquier, mientras las familias de sus victimas buscaban el paradero del cuerpo del delito, sus gustos, combinaciones de telas y sedas de oriente marcaban el nuevo estilo del vestuario medieval de la Europa del siglo XV.
Elsebet Daughpure Batori, era la invitada de honor de las casas mas importantes del mundo occidental, la “diva” italiana del medievo y su  prestigio era intachable.



.- Reconozco esa mirada… (Dijo Elsebet)

Una de ellas tenía la mirada hacia el exterior. Contemplando las imágenes de su  pasado. “Stele”, una jovencita de 14 años. Sencilla y tímida, con una belleza cuestionable y  diferente a las demás: nariz aguileña, boca pequeña con una interesante malformación en el ovulo  del labio superior como si antes de nacer hubiese visto algún secreto del mundo de  los dioses y una divinidad hubiese puesto el dedo en sus labios, un defecto facial que las distinguía de las demás doncellas, raro, extraño y magnético. Su mirada taciturna, ojos marrones claros conspirando con la tonalidad del color de la miel, reflejo de un corazón noble y leal. Recordaba un tiempo a través de aquellas ventanas impregnadas del vaho del exterior.

Un carácter forjado, como los diamantes en la tierra en completa oscuridad y con el calor de lo que pareció ser su hogar. Desde los 4 años, sin nadie a su lado que le proporcionase esa confianza y seguridad, aprendió que todas las personas eran como ella:  que nadie es perfecto. Cuando era presentada a una nueva familia, abrazaba la idea de su nueva vida con ilusión y entusiasmo pero los resultados siempre eran los mismos. Época dura para una pequeña y mas siendo una mujercita. Su visión de la vida, la comprensión del amor de unos padres, se tornaron sombríos con el devenir de los inviernos en aposentos demacrados y sucios. No conocía el jabón aún y tampoco el placer de vestir ropa nueva. Todos se apartaban de esa niñita de ojos claros. La opción era escapar de los deseos de los anfitriones de cada hogar que era aceptada como miembro de la familia. Un coste muy alto en cada etapa, en que no faltaba algún que otro abuso, palizas con la escoba y lágrimas que resbalaban en unas mejillas de ceniza. Unos meses tuvieron que pasar para escapar de todas aquellas mazmorras. Nadie más que ella sabía lo que era dormir debajo de un puente. El miedo estaba más que superado gracias a todas aquellas noches sin nadie que la protegiera, acurrucada en el agujero más oscuro e impensable contemplando a todo tipo de personajes siniestros y actividades funestas. Conocía la calle y sus entresijos. Pero su corazón, era la única posesión que no había sido tocada por ningún mal nacido, su tesoro, su diamante  reflejaba aquella certeza en su mirada de miel. Durante los meses de tinieblas, no hubo paz, pero como si un ángel guardián la protegiera, siempre se zafaba de las garras de aquellos que querían beneficiarse su inocencia, a veces una prostituta le salvaba, otras los guardias que pasaban por allí en ese mismo instante, y como la mayoría de las ocasiones, se escapada como un pececillo gracias a esas escamas de suciedad en su fina y blanquecina piel. 6 meses para ser exactos, 6 meses como 6 años.  Hasta que la providencia le condujo a una familia singular “La casa de los Carpinteros”.
.-¡Por dios santo! ¡Pobre niña…! Ven pequeña… ven… nosotros te cuidaremos. Ya veras… aquí no te va a faltar de nada.
La conexión entre “la pequeña Stele” y “Madam Gaspon” fue amor a primera vista. Aquella niña le llego al corazón, como si se tratase de una hija pequeña perdida en la noche y encontrada aquella mañana de Julio. La lavo 8 veces. Le cosió unas calzas con la sabana blanca de regalo de bodas, una falda y blusa con detalles florales en los hombros de las telas  o manteles del evento. Los zapatos se encargo su nuevo padrastro.
Stele se aguantaba. Sus ojos querían llorar, pero no se lo permitía. Solo conocía dos veces en que se sentía bien: Una cuando “Madam Gaspon” le dio aquel vestuario, y dos, cuando la institutriz se encargo de vestir a las elegidas de la orden. Ella recordaba aquellos días mientras que el carruaje se movía. Las ventanas cubiertas de aquel blanco translucido, le recordaba a la vida con su madrastra. Como la añoraba…

.- ¡Santa María! ¡Estas preciosa niñita! ¡Pretendientes no os van a faltar, mi princesa! Ya veréis querida… yo se de estas cosas… (Le guiño el ojo, la sra Gaspon, una mujer de cabellos negros rizados, corpulenta y con una sonrisa que marcaba sus mofletes.)
Los años pasaban como meses. Las dos disfrutaban de la compañía de la otra, como si fueran madre e hija verdaderas. Salían a comprar juntas para llenar la despensa, las tareas de la casa no eran tan pesadas como en otras ocasiones, las sabanas y la ropa, aquel olor a limpio y a lavanda le hacia olvidarse del temor de desear ser esposa de un hombre. Soñaba. Comenzaba a tener preguntas con cierto temor en confesarlas a su nueva madrastra.
Era digno de admirar. No era una relación normal. En aquella época las hijas tenían deberes, cometidos que debían aprender, y como era normal, todas las de su edad solo querían una cosa; divertirse y conocer a jóvenes. Pero el caso de Stele era diferente. Ella había conocido el lado oscuro de la vida, lo mas bajo que se podía llegar. Tuvo mucha suerte de encontrar a la familia de los Carpinteros. Ella siempre se lo quiso agradecer y ayudar en todas las tareas de la casa lo consideraba poca cosa.
Cuando el corazón es feliz, la esencia de todas las cosas entran por todos los sentidos. La vida se ve hermosa. Y los deseos parecen tan posibles…
Pero como en todas las épocas, desde los confines de todos los tiempos, la norma de la vida se rige por la batuta de la disciplina. Era muy feliz, pero lo que no sabía ella es que todo eso poseía un alto precio.

Al cabo de unos años, cuando Stele era una doncella de 12 años, la sra Gaspon recibió una carta anónima:
 “Stele, la ramera”
Ella había escuchado cosas de su ahijada, pero jamás hizo caso de las habladurías de la plaza, pasaba de los cuchicheos de los vecinos. Aquella carta hizo que la relación se pusiera más tensa. La desconfianza se hizo más fuerte, cuando paseaban las dos y los jóvenes miraban a su hija Stele. Se avergonzaba de ella.
Niños, jóvenes y hombres, miradas sospechosas, con bardas intenciones.
La sra Gaspon, supo por oídos, que algo pasaba al atardecer. Se callaba. Con el corazón partido. Encorvada, apagada, y doblegada como un moribundo soldado con una pica atravesada en su corazón. La esperaba despierta en el lecho con su marido, soportando los molestos ronquidos y con los ojos en vela toda la noche. ¿Dónde iba? ¿Con quien estaba? ¿Eran ciertos los rumores? ¿Era de descendencia de una prostituta?
Cada semana y sin falta, la misma carta: “Stele, la ramera”.
La sra Gaspon, llego incluso a perderle el respeto y a comportarse como las otras madrastras. Cada semana lo mismo: una carta “Stele, la ramera”.
Para los ojos de la sra Gaspon, comenzaba a convencerse de que así era.
Para los ojos de Stele, era disfrutar de la noche estrellada junto al río. Sola y sabiendo que tiene una casa con olor a lavanda.
Para la anfitriona de la casa de los carpinteros, el corazón se oscurecía más y más. Los malos pensamientos la devoraban por dentro. Desconfiaba de los gestos tiernos de su marido, aquella atención tan amistosa…. ¡No había beneficio de la duda para aquella ramera! ¡Si era una puta se debía tratar como tal!
Para la pobre Stele, que no comprendía el comportamiento, últimamente, de su madre y amiga, simplemente era que no comprendía el lazo que tenia con el exterior. Ella nunca estuvo con un hombre, y tampoco lo estaba ahora. Su disfrute e intimidad era el placer de observar el firmamento tumbada en el lecho de la hierba junto al arroyo.

Aquellos dedos finos y delgados acariciaban la superficie de la ventana del carruaje, cristal regular, translucido y frío. Pensaba en su pasado…No lo comprendía. ¿Por qué la vendieron  a esos sujetos como si no les importara?
.- Reconozco esa mirada… (Escucho Stele, sabía que aquella mujer se dirigía a ella.) Todas reaccionamos de la misma forma…supongo que es nuestra naturaleza, pero cuando escojáis a un marido, descubriréis una nueva vida llena de oportunidades.
.- Señora, ¿A dónde nos llevan? (Dijo una de las tres, con una voz temblorosa)
La institutriz suspiro profundamente. Y después de una pausa….- A un evento importante. Todas vosotros habéis tenido el privilegio que las demás no tuvieron nunca.
.- Ah! Pero hay mas como nosotras!
.- Tantas como mercaderes respetados en toda la Toscana. Todas vosotras sois escogidas y clasificadas por zonas:”Latries” las menos importantes son preparadas y presentadas a familias menos adineradas, capitanes de guardias, gobernadores de villas pequeñas y como sirvientas de compañía para personas  de poca alcurnia pero influyentes en cuestiones políticas y territoriales. Después están “las Mejums” que son preparadas en una isla secreta en el Egeo, donde según cuentan “Eneas izo la primera parada con los supervivientes de la ciudad de Troya”, Su destino es la sangre y portan una señal como esta. (Elsebet les mostró el tatuaje que tenía marcado en la nuca: una especie de abeja o mariposa con un aguijón pronunciado.) Allí les instruyen en las artes de las armas y la disciplina del sigilo.
.- ¿Asesinas? (Dijo una de las tres sorprendida y mirando a las demás)
.- ¡Insolente! ¡Cuidad de vuestro lenguaje! Ahora pertenecéis a la orden de las Vestales! ¡Debéis pensar antes de hablar!. Una asesina es un delincuente, pero un fantasma que arrebata la vida es, simplemente, ¿Cómo lo diría? “una consecuencia del destino”….”mala suerte” (dijo sonriendo). Una marca en el tobillo, representa una novata, una marca en el hombro “una veterana”, en el pecho “un Maestre”.
.- ¿Y en la nuca? (Dijo Stele)
Elsebet fijo su mirada en aquella criatura.
Stele percibía cierta diferencia, como si aquella mujer no fuera de este mundo. Siniestra persona con mirada oscura a pesar de sus ojos verdes claros, orbes muy similares a la de una serpiente, que de igual forma empujaban a dar un paso a retaguardia como lo haría en presencia de un reptil. Fijación, como si pudiera devorar su alma en ese preciso instante y sin que las tres acompañantes se percatasen. La miraba y podía sentir como una especie de fuerza magnética le estaba petrificando por momentos, inspección fría y potente que secaba la garganta de Stele como si su alma estuviera a punto de salir por la boca. Segundos inquietos, que no daban tiempo al arrepentimiento y que todos los pensamientos se enfocaban en una tensión desmesurada, rostro pálido y sereno, controlando su sentimientos si los tenia, facciones que imponían un respeto, bella y mas hermosa que las que estaban dentro de aquel vehiculo propulsado por corceles, era como si la misma “Gorgona” le estuviera mirando.
Finalmente, la institutriz, contesto. .- No todas llegan a pasar todas las pruebas. Muy pocas pueden resistirlo. Al igual que el artesano comprende sus herramientas y se funde con la esencia del material en el que trabaja. El “don” no se aprende. Se tiene o no se posee. Al igual que el mejor orfebre de toda Italia. Para llegar al estatus de la mano derecha de vuestra “Domina” se necesita mas que una vida para lógralo.

“Mas que una  vida” ¿a que se refería con eso? (Pensó Stele para si  misma)
.-Vosotras… (prosiguió Elsebet)… no sois “Mejums” ni tampoco “Latries”. Vuestro cometido es más aristocrático: Encontrar  un esposo idóneo, sangre noble y con gratas adquisiciones territoriales, en pocas palabras “Un gobernante de hombres”. Habéis sido elegidas. Por eso “ella” estuvo presente el primer día. Solo “la domina” puede saber quien puede ser y quien no. Cumplid con vuestro deber y seréis recompensadas por “la Gran Matter”
.- Pero… ¿Cómo sabremos a quien debemos escoger? En el evento, habrá más de un varón de ese tipo de clase.
.- (Elsebet sonrío) Ese es mi trabajo. Por eso estoy aquí. En la fiesta a la que vamos, es un evento que solo son invitados las familias más importantes de toda Italia. La casa de los Pazzi, suelen hacer un juego, un pequeño entretenimiento después de la cena. (Su mirada se puso seria) Cuando los sirvientes retiren los enseres de la mesa y el servicio entren el cuadro, deberéis abandonar el comedor.  A mi señal.¡Sin excepción!
Las tres doncellas se miraron.